X
Uso de Cookies
EIS Digital utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la navegabilidad de nuestra página, su acceso y la personalización de nuestros contenidos. Si continúa accediendo a nuestra página, entendemos que nos otorga su consentimiento expreso para su uso. Puede obtener más información sobre las mismas y su configuración en nuestra Política de Cookies.

El auge del 'mindfulness'

Meditación en el colegio

Unos 200 colegios públicos españoles han incorporado el 'mindfulness' al horario escolar. Es una práctica de raíces budistas pero sin sus connotaciones religiosas. Consiste en tomar consciencia del momento presente, atendiendo a las emociones

REVISTA DE PRENSA • 15/06/2015

Cuando los alumnos de 3º de Infantil del colegio público Ramiro Soláns de Zaragoza regresan del recreo, se sientan en el suelo del aula formando un círculo. Adoptan la postura del loto, cierran los ojos, respiran hondo y elevan las palmas de las manos al estilo hindú mientras cantan un mantra que dice: «Sa, re, sa, sa. Sa, re, sa, sa». Suena el sitar. En la pizarra digital, una flor abre y cierra sus pétalos desde YouTube. Nazaret, Rayan y Emilia tienen sólo cinco años, pero mantienen la concentración como yoguis experimentados.

- ¿A qué nos está ayudando esta canción? -La maestra, Noelia Pes, les pregunta con voz muy suave.

- A estar tranquilos y relajados -responde la pequeña Ainara.

- ¿Y, si estamos relajados, qué podemos hacer?

- Trabajar bien, estar calladitos, portarnos bien con la profe y con todos los demás, no pegar.

En esta escuela del humilde barrio de Oliver, todos y cada uno de los 200 niños practican mindfulness con los profesores durante 15 minutos cada día después de subir del patio. Llevan tres cursos utilizando esta herramienta que tiene su origen en la meditación budista, pero sin sus connotaciones religiosas. El mindfulness o atención plena va de tomar consciencia del tiempo presente, atendiendo a pensamientos, emociones y sensaciones corporales con una actitud de curiosidad, interés y aceptación. Sin juzgar. Disfrutando del aquí y ahora. Aceptando la realidad tal cual es.

Entre los adultos existe todo un boom en torno a esta práctica popularizada en Occidente por el médico Jon Kabat-Zinn, de la Universidad de Massachusetts, que en 1978 comenzó a aplicarla a pacientes con estrés crónico. Estudios científicos aseguran que los meditadores tienen mayor densidad neuronal, son más felices y menos propensos a sufrir depresión. Empresas como Google dan formación específica a sus empleados y hasta el director de cine David Lynch ha creado una fundación dedicada a la meditación.

Desde hace unos pocos años, el mindfulness también se pone en práctica en algunos colegios e institutos españoles, tanto públicos como privados. El Gobierno de Canarias ha sido pionero al implantar por primera vez este curso una asignatura obligatoria y evaluable que se llama Educación Emocional y que incluye un poco de mindfulness en el plan de estudios. Se da de forma integral en el instituto Arico y en el colegio público San Andrés, en Tenerife, y en el colegio Ciudad del Campo, en Gran Canaria.

En otras autonomías hay iniciativas como el Programa Aulas Felices en Aragón, el Programa Treva en Cataluña o Escuelas Conscientes en la Comunidad Valenciana. En Madrid, se han impartido talleres en algunos colegios públicos y está presente en centros privados que utilizan pedagogías alternativas. Hay también un par de escuelas rurales en Navarra que lo siguen.

Pero su grado de expansión en España es aún muy reducido. Los expertos calculan que se imparte de forma sistematizada en unos 200 centros públicos, lo que viene a suponer en torno al 1% del total. Aún estamos lejos de la expansión que ha experimentado el mindfulness en EEUU, en Holanda o Australia, donde el Gobierno quiere incluirlo en el currículo escolar para 2020.

En el colegio Ramiro Soláns de Zaragoza no forma parte del currículo, pero sí se ha introducido dentro de la jornada lectiva. Los 20 tutores han recibido formación específica y hasta hay madres y padres que lo practican en un centro en el que el 60% de las familias son de etnia gitana y el 35%, de origen inmigrante.

La directora, Rosa Llorente, cuenta que su objetivo es que «el colegio sea un espacio de calma, de sosiego» donde los críos dejen a la entrada los problemas que puedan traer de casa. Antes formaban un grupo «muy movido» en el que había niños con «un comportamiento muy difícil por sus circunstancias personales, familiares, sociales o económicas». Pero, tras la puesta en marcha de un proyecto de transformación en el que se ha introducido el mindfulness, entre otras herramientas, la situación se ha dado la vuelta de forma significativa.

Los alumnos ganan en concentración, empatía y autoestima y reducen el estrés y la fatiga

Llorente muestra unas gráficas que indican que, si en el curso 2006/2007, un 30% de los críos presentaba problemas de conflictividad, en 2013/2014 el porcentaje ha caído hasta el 7%. El absentismo escolar se ha reducido en un 70%. Y la proporción de alumnos que pasa al instituto con todas las asignaturas aprobadas ha crecido del 5% al 70%.

«Los niños dicen que se sienten más a gusto y que, después de esta actividad, están más tranquilos para realizar el trabajo. El momento de la relajación se ha convertido en un momento de placidez y de mirarse a sí mismos. Aprenden a respetar al otro. Les ayuda a tomar los aspectos positivos del silencio y de la paz. Algunos trasladan lo aprendido a sus casas, y también a su vida», enumera Llorente.

Su colegio sigue el Programa Aulas Felices, un método basado en la psicología positiva que mezcla el mindfulness con la educación en las fortalezas de Peterson y Seligman. Su creador, el maestro de Pedagogía Terapéutica Ricardo Arguís, ha hecho una recopilación de la literatura científica existente acerca de los efectos cognitivos sociales y psicológicos que tiene el mindfulness en el alumnado de Primaria y Secundaria. Lo que dicen las investigaciones, en síntesis, es que los estudiantes mejoran su concentración y su atención; regulan sus emociones; disminuyen la ansiedad, el estrés y la fatiga; refuerzan su autoestima y sus habilidades sociales; potencian la empatía, y adquieren mayores destrezas académicas.

«El mindfulness se puede aplicar en cualquier situación, en momentos en que se exige concentración o cuando hay un conflicto en clase. Con ejercicios cortos es suficiente», expresa Arguís. «Si logramos que los niños, desde edades tempranas, aprendan a vivir de un modo más consciente, estaremos educando a personas libres y responsables, más capaces de ser dueñas de su propia vida y de ser felices».

Comparte su opinión Ausiàs Cebolla, profesor del Departamento de Psicología Básica, Clínica y Psicobiología de la Universidad Jaume I de Castellón e investigador en mindfulness en España. «Es una herramienta muy potente para que los niños empiecen a tomar consciencia de lo que les pasa. Ayuda a regular las emociones y a entrenar la atención. Una profesora me contó que hacía cinco minutos de mindfulness antes de empezar la clase. En una ocasión faltó al colegio y los niños, que ya habían cogido el hábito, tenían tantas ganas de hacerlo que se organizaron para que la meditación la dirigiera ese día una de las alumnas».

Pero, ¿por qué necesitan meditar los niños? ¿Tan estresados están? «Han cambiado mucho las expectativas que tienen los padres en relación a sus hijos. Valoran más que saquen buenas notas que el hecho de que aprendan a frustrarse, a resolver un conflicto o a saber disfrutar de lo que están haciendo. Los críos están hiperestimulados y estresados, son un reflejo de los padres. Estamos viendo que en las aulas se muestran muy inquietos y desmontan la clase. Hay que hacer cambios para que todos estemos mejor. Es importante introducir momentos de parada, enseñar a que se puede estar en silencio sin hacer nada», responde Marta Lasa, maestra logopeda que da clase en dos colegios públicos rurales de Navarra (San Veremundo, en Villatuerta, y San Salvador, en Oteiza) en los que se hace mindfulness.

Existe la opinión bastante extendida entre docentes y padres de que los niños de hoy en día, con tantos móviles y vídeojuegos, están expuestos a miles de estímulos que alteran su concentración. Tienen demasiada información y no aciertan a procesarla bien. Muchos son chicos multitarea que hacen varias cosas a la vez: desayunan mientras ven la tele; se lavan los dientes mientras chatean con sus amigos. Les falta disfrutar sin más del momento presente.

¿Y cómo se hace? El mindfulness es meditación, pero también más cosas. En el colegio Ramiro Soláns, por ejemplo, los niños se dan masajes por turnos para relajarse y para «aprender a respetar al otro». También llaman al guerrero: el alumno se pone las manos en la tripa y sopla fuerte hacia fuera, con los ojos cerrados. Así expulsa la rabia y es consciente de ella.

Está también el famoso saboreo, la actividad de mindfulness que más les gusta a los niños. La profesora Amparo Jiménez reparte monedas de chocolate en la clase de 4º de Primaria. Se trata de descubrir la textura, el olor y el sabor del dulce y no pensar en otra cosa más que en las sensaciones que transmite. Primero tocan la moneda con los ojos cerrados, aprecian la forma y la rugosidad del envoltorio. Después la huelen, se la acercan a la boca, retrasan el momento de probarla... Se concentran en lo que están haciendo. Mordisquean un trozo y notan cómo se va volviendo más blando. El proceso puede durar una eternidad: cinco minutos. Cuando la música cesa, estos niños de 10 años hablan de lo que han sentido. «Habéis comido chocolate miles de veces, pero ¿a que no habíais sido conscientes antes del sabor que tenía?», les pregunta la maestra.

Todos los alumnos coinciden en que es el mejor chocolate que han probado en su vida.

Autora: Olga R. Sanmartín

@olgarsanmartin

Publicado por elmundo.es el 15/06/2015



Leandro y el guijarro en el bolsillo

El monje vietnamita Thich Nhat Hangh proponía a los niños ir siempre con un guijarro en el bolsillo que debían sacar y sostener en la mano cada vez que algo les hiciera infelices. Leandro (nueve años) lleva siempre un pequeño lápiz al que ha sacado punta mil veces. Es hiperactivo y su contacto le relaja. «Soy un niño muy nervioso. No me puedo centrar, me cuesta un montón. Siempre que estoy nervioso intento coger algo para tranquilizarme. Si no tengo nada, no me puedo controlar. Con la relajación me tranquilizo». La familia de Leandro está muy agradecida al mindfulness. Como Teresa, otra madre del colegio Ramiro Soláns de Zaragoza, que estaba preocupada porque su hijo Iker (cinco años) se guardaba dentro todas sus emociones. Iker empezó a llevar un pequeño Mickey Mouse, su guijarro budista, que cogía y daba vueltas cada vez que se enfadaba. «Ahora Iker ya no necesita su guijarro. No sufre tanto. Su forma de ser ha cambiado muchísimo. Se ha vuelto supercariñoso y no para de darme besos y abrazos», cuenta su madre. Lo mismo le ha pasado a Emilio (10 años), que era un niño muy impulsivo. Sus profesores siempre le decían: «Emilio, para y piensa». «Con la relajación, los alumnos paran y piensan. En los momentos difíciles, se acuerdan de la relajación y de forma automática les surge pararse y pensar», explica Amparo Jiménez, la maestra de 4º de Primaria. Acaba de ponerles a los críos una reproducción de la Niña en la playa de Sorolla, acompañada de música relajante de olas, para que se paren y piensen lo que les sugiere el cuadro. «Me he sentido genial, imaginé que estaba con mi madre y mi abuela», dice Leandro. Su compañera Coraima siente otra cosa: «La música del mar me tranquiliza porque pienso en estar sola y sin nadie alrededor». Coraima está poco acostumbrada a la soledad: en su casa son cinco hermanos.



Búsqueda por fechas
hasta

NOTICIAS MÁS LEIDAS
Noticia
¿Por qué en España nadie quiere ser profesor?
REVISTA DE PRENSA • 12/06/2018
El informe «Effective Teacher Policies: Insights from PISA» presentado ayer en Madrid por el padre del Informe PISA, Andreas Schleicher, hace una sesuda evaluación de la situación del profesorado y de su importante papel en las escuelas con más desventaja socioeconómica. El informe concluyó que para mejorar los resultados académicos y conseguir un sistema más equitativo los profesores más brillantes deben destinarse a los colegios más desfavorecidos. Pero aparte de este análisis, el estudio entrevistó a alumnos de 15 años para saber qué querían ser de mayores. Solo un 4,2 por ciento dijo que quería ser profesor. Destacan, sobre todo, las chicas (5,8 frente a 2,7 de los chicos), de origen no inmigrante y cuyos padres tienen educación superior. En España, el 5,6 por ciento de los estudiantes quiere enseñar y en este porcentaje se incluyen los adolescentes que no sacan buenos resultados en PISA. Lo mismo sucede en resto de países de la OCDE.
Noticia
Ya sé hablar inglés, ¿qué otro idioma puedo aprender?
REVISTA DE PRENSA • 13/07/2018
Quien busque trabajo o intente mejorar en su carrera se habrá dado cuenta de una cosa: hablar inglés ya no es un factor diferenciador. Dominar la que se ha convertido en la lengua franca ha dejado de ser un extra que añadir al currículum para convertirse en algo que se da por hecho. Así, por ejemplo, una de cada tres ofertas de trabajo exige un idioma extranjero y en el 92% de los casos ese idioma es el inglés, según un estudio reciente de Adecco. Frente a esta homogeneización, ¿cómo se puede despuntar? Conocer un segundo idioma extranjero tiene cada vez más peso a la hora de diferenciarse en el competitivo mercado laboral. “Hablar otro idioma es un beneficio cognitivo e intelectual, pero también económico”, resume Roberto Cabezas, director de Career Services de la Universidad de Navarra (UNAV). “Te abre oportunidades tanto para responder a inquietudes intelectuales como para conseguir beneficios económicos”. En España, la importancia de aprender al menos un idioma ha calado.
Noticia
“Los jóvenes tienen mucho más poder del que creen”
REVISTA DE PRENSA • 13/07/2018
La distancia entre la etapa formativa y el mundo laboral es, para muchos de los jóvenes que se enfrentan al reto de conseguir su primer trabajo, un abismo. La tasa de paro juvenil, que en España se sitúa en el 36%, se suma a un mercado laboral cada vez más competitivo. Se pide conocimiento técnico, pero también habilidades personales, como saber comunicar o trabajar en equipo, además de mentalidad digital y una actitud de constante aprendizaje. En este escenario, ¿cómo dar los primeros pasos hacia ese primer trabajo que parece inalcanzable? La experta en liderazgo y talento Pilar Jericó, autora del blog de EL PAÍS Laboratorio de felicidad, señala el autoconocimiento como herramienta de trabajo: "Las empresas buscan gente autónoma, con iniciativa y capacidad de ilusionarse. Y eso pasa por conocernos: conocer nuestros juicios de valor, que son los más terribles, y conocer también nuestras emociones para que no seas tú quien te limites a ti mismo".