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La contribución de las universidades españolas al desarrollo: consideraciones finales del resumen ejecutivo del Informe CYD 2014

La universidad es la institución que más puede hacer para aumentar la competitividad de nuestra economía y reducir el desempleo

Es una de las principales conclusiones del Informe CYD 2014, presentado el pasado 6 de julio, que resalta que ambos retos revalorizan el papel del sistema educativo en general

 Personalidades del mundo académico, empresarial y de la sociedad española asistentes a la presentación del Informe CYD 2014
Personalidades del mundo académico, empresarial y de la sociedad española asistentes a la presentación del Informe CYD 2014

Personalidades del mundo académico, empresarial y de la sociedad española asistentes a la presentación del Informe CYD 2014

ORIENTACIÓN PROFESIONAL • 08/07/2015

El 6 de julio se ha celebrado, en el Salón de actos del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el acto de presentación del Informe sobre la situación y evolución de las universidades españolas de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (Informe CYD 2014), presidida por Ana P. Botín, al que asistieron los miembros del Patronato de la Fundación CYD así como destacadas personalidades del mundo académico, empresarial y de la sociedad española. Una de las principales conclusiones del informe es que la universidad es la institución que más puede hacer para afrontar los dos principales retos a los que se enfrenta la sociedad española: aumentar la competitividad de nuestra economía y reducir la tasa de desempleo, retos que "no hacen otra cosa que revalorizar el papel del sistema educativo en general y de la universidad, de la enseñanza superior, en particular".

El acto empezó con una mesa redonda en la que se pusieron a debate las principales conclusiones del Informe CYD 2014, mesa redonda que fue moderada por Francesc Solé, Vicepresidente de la Fundación CYD y que contó con las intervenciones de José Luis Bonet, Presidente de la Cámara de Comercio de España, Presidente de Freixenet y Patrono de la Fundación CYD; Martí Parellada, Coordinador General del Informe CYD; Xavier Prats, Director General de Educación y Cultura de la Comisión Europea; José M. Sanz, Vicepresidente de la CRUE y Rector de la UAM y Juan M. Vázquez, Secretario General de Universidades.

En la clausura, conducida por José María Ezquiaga Domínguez, Decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, se contó con las intervenciones del Presidente de la CRUE, Manuel J. López; el Presidente del Comité Ejecutivo de la Fundación CYD, Javier Monzón; la Presidenta de la Fundación CYD, Ana Botín; y el Ministro de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España, Íñigo Méndez de Vigo. Para finalizar, el acto fue clausurado por Su Majestad el Rey. Al finalizar el mismo los asistentes recibieron un ejemplar del Informe CYD 2014.

Méndez de Vigo anuncia la creación de un mapa del conocimiento de las Universidades españolas

En su discurso Méndez de Vigo ha anunciado su "primer gran proyecto" al frente del Ministerio, como es la creación de un mapa de conocimiento de las Universidades españolas, con el objetivo de "identificar cuáles son las áreas científicas y de conocimiento más importantes en cada Universidad". De esta manera -ha dicho- "se pretende que nuestras Universidades puedan servir de referencia mundial para atraer nuevos talentos, expertos, prensadores y colaboradores, a la vez que pueda servir de guía a los estudiantes para reconocer las Facultades y Escuelas con mayor impacto docente y científico".

Méndez de Vigo ha asegurado que uno de sus compromisos al frente de este Departamento es "facilitar todos los caminos que sean necesarios para alcanzar una economía del conocimiento que posicione a España como país de referencia en la atracción de talentos". De ahí que haya insistido en que "hoy más que nunca, necesitamos que ese conocimiento que habita en las personas siga siendo el germen para el progreso económico y social de España".

El ministro de Educación, Cultura y Deporte ha alabado el papel de las Universidades españolas, ya que, "gracias a ellas se crean ideas, que se transforman en conocimientos, y que junto con la tecnología, dan lugar a proyectos innovadores que posicionan a nuestro país en una referencia global en diversas aéreas de especialización".

“Hay tres ejes fundamentales que nos permiten identificar las amenazas y las debilidades de nuestro sistema universitario, así como sus fortalezas. Estos ejes son la empleabilidad de nuestros estudiantes, la proyección innovadora de nuestros investigadores y la capacidad para atraer el talento internacional y fomentar así la creación de ideas dentro de nuestras aulas”, ha indicado el ministro.

Antes de terminar, Méndez de Vigo ha apostado porque nuestro país "siga invirtiendo en la formación de las personas, para así garantizar el derecho a pensar libremente".

"Mientras que España siga apostando por la igualdad de oportunidades para aprender, garantizaremos la justicia social. Y mientras la Educación de las personas sea el eje de nuestras políticas, España será capaz de conseguir una competitividad de excelencia dentro de la economía del conocimiento",c oncluyó el ministro.

Resumen ejecutivo del Informe: conclusiones finales

La universidad española, tanto la pública como la privada, ha llevado a cabo su  actividad en un período de crisis sin precedentes atendiendo a las necesidades de más de un millón y medio de estudiantes de grado y máster, manteniendo unos resultados de la actividad investigadora que son claramente positivos cuando se analizan desde la perspectiva de la producción científica, gestionando la internacionalización de sus campus y adaptando su oferta formativa a los requerimientos del Espacio Europeo de Educación Superior.

La situación a la que se enfrenta la sociedad española en general y la economía en particular tiene dos retos destacados: aumentar la competitividad de nuestra economía para hacer frente al desafío que supone la globalización y el consiguiente aumento de la competencia internacional y, a su vez, reducir drásticamente la tasa de desempleo y, en particular, la de los jóvenes de menos de 31 años. Estos dos retos no hacen otra cosa que revalorizar el papel del sistema educativo en general y de la universidad, de la enseñanza superior, en particular.

La universidad es la principal institución, en nuestro país, y, en general, en todos los países desarrollados, que, con su actuación, puede hacer más para hacer frente a los retos mencionados.

En el campo de la formación del capital humano es preciso tener presente que el sistema universitario español gradúa cada año a cerca de 275.000 estudiantes y aporta al conjunto de la sociedad cerca de 11.000 doctores. En concreto, en el curso 2012-2013 el número de egresados en estudios de grado en las universidades españolas fue de 213.910 alumnos, un 15,7% de los cuales se graduaron en universidades privadas, mientras que en el máster oficial se titularon 60.420 alumnos, el 24,4% de ellos en universidades privadas. Además, en el último año con datos disponibles, el 2013, el total de tesis doctorales leídas ascendió a 10.889, la inmensa mayoría de la cuales se leyeron en universidades públicas (el 94,5%).

Además, con datos de 2013, en la  universidad española se encuentran el  46,6% del total de investigadores españoles –porcentaje superior a la media de la UE-28 (38,6%) y de la UE-15 (37,9%). De la misma forma, el gasto interno en I+D del sector enseñanza superior representó en 2013  el 28% del total –frente a un 18,7% del sector Administración pública y un 53,3 del empresarial.

La universidad, además, sigue siendo el principal sector productor de publicaciones científicas (más del 70% de los documentos totales publicados en el periodo 2009-2013), y, finalmente, con datos de la OEPM, el número de solicitudes participadas por las universidades españolas en el año 2013 representaron un 18,96% del total de solicitudes presentadas a nivel nacional.

Con este potencial formativo e investigador la tarea que se impone a todos es la de continuar impulsando la contribución de la universidad al desarrollo económico y social de nuestro país.

Si parece que se han superado los momentos más agudos de la crisis, como ponen de manifiesto los más recientes indicadores económicos, y si los resultados que se prevén para este año 2015 y los sucesivos se hacen realidad, el impacto que dicha situación va a tener en la universidad española va a ser indudablemente positivo. En otros términos, si en el año 2014, todavía no se percibe –como señalan los resultados comentados anteriormente del Barómetro de la Fundación– la mejoría de la situación, esto va a ser así, si las previsiones se cumplen en los próximos años.

La universidad ha realizado en estos últimos años un esfuerzo muy importante de racionalización y contención del gasto y, sin duda, los equipos de gobierno de las universidades y sus gestores han debido introducir nuevos procedimientos de gestión y plantear modificaciones en la organización de la universidad, centros y departamentos, con el objetivo de generar ahorros manteniendo los niveles de eficiencia. La interiorización de esta filosofía de gestión y la inflexión de la situación económica que debería repercutir en la universidad con la imprescindible recuperación de los niveles de recursos públicos puestos a su disposición, ha de permitir que las universidades, con más garantías de las que han tenido hasta ahora, puedan llevar a cabo sus objetivos estratégicos.

Estos últimos años han puesto de manifiesto, más que en cualquier otro período, la emergencia de nuevos retos: internacionalización; presencia de las TIC en general y, en particular, en la actividad docente; capacidad de atracción del profesorado más cualificado; el diseño de una oferta formativa más interdisciplinaria, con una mayor integración de formación presencial y no presencial, y una mayor presencia de la enseñanza por proyectos más que por disciplinas y, entre otros, la necesidad de incorporar en la universidad el objetivo de contribuir al desarrollo de su ámbito territorial de influencia.

Lo que expresan dichos retos al mundo universitario español e internacional es el hecho que no todas las universidades deben hacer frente a todos los retos a la vez y a todos con la misma intensidad. La diversificación entre las universidades por su orientación y objetivos se ha de interiorizar en la gestión cotidiana de los centros universitarios. Sin duda a este propósito no ayudan los rankings internacionales –y la percepción social que generan– en los que predominan los indicadores absolutos y, mayoritariamente, los vinculadas a los resultados de la actividad investigadora.

De ahí que nos parezca particularmente atractiva la iniciativa de la Comisión Europea de impulsar un  ranking, un sistema de información, el U-Multirank, que en España ha llevado a cabo la Fundación CYD mediante el Ranking CYD. Dicha iniciativa creemos que es más adecuada no solo para hacer más visibles a todas las universidades con sus puntos fuertes y débiles sino, también, para facilitar que las universidades puedan identificar y llevar a cabo sus objetivos estratégicos específicos.
 
Este es un reto de especial envergadura en el sistema universitario español donde, como se señala en el Informe, un rasgo específico que diferencia nuestro sistema del de muchos países es el de la ausencia de instituciones de enseñanza superior de carácter más aplicado, tipo Fachhochschulen y, en su defecto, diferenciar mucho más el sector universitario actual y definir más pasarelas con la formación profesional de nivel medio y superior.

Es evidente que hacer frente a estos retos va a requerir de un nuevo perfil de autonomía universitaria en la que aumenten las competencias de las universidades, se sustituya el paradigma de control por parte de la Administración por el de supervisión y se establezcan unos incentivos en los que puedan converger los objetivos que fije la sociedad a través de sus representantes con la actuación de la misma universidad.

La consolidación de la recuperación puede ser, sin duda, un buen momento para plantear este debate, pero para ello va a ser imprescindible extenderlo a la sociedad en su conjunto; la opinión de los españoles sobre sus universidades solo sugiere, como también se señala en el Informe, una visión moderadamente positiva de nuestras universidades. Hacer que esta visión refleje con la máxima intensidad posible el compromiso de la sociedad con nuestras instituciones universitarias es una tarea de todos.



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