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La esencial figura del maestro

EDITORIAL • 10/09/2015

Hemos traído a esta página en anteriores artículos nuestra visión de qué cambios son necesarios acometer en España para mejorar la educación y para que puedan coexistir en las debidas condiciones los diferentes sectores: público, concertado y privado. Pero las libertades que defendemos (libertad de enseñanza, libertad de los centros para elaborar un modelo educativo propio, libertad real de los padres para elegir el proyecto que estimen más idóneo para sus hijos), las nuevas fórmulas fiscales para el sector educativo por las que abogamos y los cambios que propugnamos en las leyes y regulaciones para que verdaderamente los centros gocen de autonomía, carecen de sentido si no se produce a la vez un cambio en la percepción de la figura del profesor.

Partiendo de que la educación es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo humano y el crecimiento de nuestra sociedad y que la misión de educar recae sobre la familia y la escuela, siendo el docente probablemente la persona que a lo largo del día pasa más tiempo con nuestros hijos, es preciso comprender la labor y el papel que el maestro desempeña en la formación y en la vida de nuestros menores y jóvenes, que va mucho más allá de instruir o transmitir conocimientos y valores que de un modo u otro calan en sus alumnos.

Los profesores poseen un enorme peso específico en la formación educativa, y no sólo en la dimensión escolar. Evidentemente ello es así, por un lado, porque los padres les han encomendado sus hijos a través de los centros donde los han escolarizado. Y por otro, porque los maestros son los que objetivamente están más cualificados para desarrollar la autonomía y la creatividad de los alumnos. Y es que los verdaderos especialistas en educación no son los que teorizan, opinan o filosofan sobre la misma, ni los políticos, que tienden a utilizarla como arma ideológica, cuando la educación no tiene ideología. Los auténticos expertos en educación son los profesores, que a su formación suman su experiencia, su práctica docente, su ejemplo, su día a día de muchas horas de convivencia y comunicación con nuestros hijos.

No obstante, por el hecho de que todos nosotros desde edades tempranas hemos sido alumnos, o debido a prolongadas relaciones con los colegios y los educadores o incluso como consecuencia de desempeñar profesiones que requieren una gran riqueza de conocimientos y habilidades muy complejas, algunos parecen creer que saben bien lo que supone y significa ser docente, aun sin serlo. Entre éstos se encuentran los que hasta llegan a cuestionar lo que los docentes dicen o hacen, comportamiento opuesto éste al que mantienen ante el resto de profesiones.

Ser profesor no se limita a dar clases, y dar clases no es únicamente presentar información o explicar lo que los alumnos no entienden. La profesión de maestro comporta una gran variedad de objetivos. Además de formar, evaluar, orientar a sus alumnos, informar a los padres (tutorías), coordinar actuaciones con la comunidad educativa y colaborar en la organización de actividades extraescolares, ser profesor exige adaptar esos objetivos a las necesidades de cada alumno en su particular desarrollo e incluso tratar de paliar los efectos colaterales del intrusismo de las administraciones, la cuales forman también parte de ese grupo al que nos referíamos antes que parece creer estar por encima de los docentes.

Aun y todo, para que los profesores ejerzan con acierto y eficacia su labor deben ser percibidos como profesionales con autoridad moral y con credibilidad, e infundir una confianza y un respeto que, además de procurarse ellos mismos con los saberes, capacidades y actitudes antes mencionados, deben ser inculcados en los niños y niñas desde todos los ámbitos: la sociedad, los propios centros educativos y, sobre todo, las familias. Debemos ayudar a prestigiar la profesión y colocarla a la altura de la responsabilidad que ejerce.

Los docentes son, a todas luces, piezas esenciales para la transformación del sistema educativo que reclamamos y sobre los que se materializa el trabajo de toda la comunidad educativa.

Es preciso contar además con la implicación de las familias, que deben desempeñar su rol colaborando con los centros en la educación fomentando unos valores comunes y otorgando el 'poder' a quienes dan clase a sus hijos intentando dar siempre lo mejor de sí: los educadores.

Y no nos quepa duda: los maestros son realmente los que más saben sobre educación, las verdaderas autoridades en la materia.


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