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La educación en el siglo XXI

Una curiosa visión de Isaac Asimov en 1977

Estudiantes trabajando con ordenadores en un laboratorio de informática en los años setenta del siglo XX / Imagen de archivo del diario ABC
Estudiantes trabajando con ordenadores en un laboratorio de informática en los años setenta del siglo XX / Imagen de archivo del diario ABC

Estudiantes trabajando con ordenadores en un laboratorio de informática en los años setenta del siglo XX / Imagen de archivo del diario ABC

REVISTA DE PRENSA • 21/10/2015

Isaac Asimov (1920-1992) fue uno de los mejores divulgadores científicos del siglo XX. Por eso resultan tan interesantes sus opiniones sobre cómo sería la educación en nuestros días. En un artículo publicado por ABC el 27 de noviembre de 1977, narraba su visión de cómo podrían influir los ordenadores en la educación.

Comenzaba: «Supongamos que nuestra civilización se prolongue hasta el siglo XXI y que la tecnología continúe progresando; supongamos asimismo que los satélites de comunicación se multipliquen en número y que sean capaces de una variedad harto mayor de funciones y más complicados que en la actualidad; y supongamos que en lugar de los limitados transmisores de señales de radio se utilicen, para transmitir mensajes de la Tierra a los satélites y recibirlos de éstos, los increíblemente capaces rayos láser de luz visible, ¿qué ocurriría bajo tales circunstancias? Entonces podrían existir muchos millones de canales para voz e imágenes, y es fácil imaginarse que cada ser humano tendría asignada en la Tierra una longitud de onda particular, como hoy puede asignársele un número de teléfono».

Tras aludir al presumible progreso de la informática, proseguía: «En otras palabras, el estudiante podría formular preguntas que la máquina sería capaz de contestar, y plantear cuestiones y resolver problemas que la máquina estaría en capacidad de evaluar. La máquina podría ajustar el ritmo e intensidad de su curso de instrucción según la aplicación y diligencia del estudiante, y cambiar de rumbo con arreglo a los intereses de éste».

Naturalmente no contamos con una longitud de onda particular. Ahí el gran Asimov erró, pero no tanto pues comentaba que sería igual que el número de teléfono, que no son en la actualidad lo que eran en 1977. Cambiemos longitud de onda e imaginemos el mundo que nos ha abierto internet y pongamos en su correcta perspectiva la visión de Asimov. Que más adelante presagiaba: «Es de suponer que la máquina tendría a su disposición cualquier libro, periódico o documento de la vasta y central biblioteca planetaria, organizada totalmente en clave. Y el material de consulta o referencia así obtenido de la máquina instructora por el estudiante podría entonces proyectarse sobre una pantalla o reproducirse en papel para un estudio más detenido». Interesante es también su visión de que la revolución educativa debería conseguir que el ritmo de aprendizaje debería ajustarse a la diligencia y aplicación de cada niño. Y abría la posibilidad de que la educación no se orientase solo a los niños, prediciendo una educación continuada.

Pueden consultar el artículo completo, que es muy interesante. Habla también de la posibilidad de cambiar de actividad profesional en la edad adulta, de cómo las personas maduras deberían poder gozar con el aprendizaje, con el estimulo del cerebro. Una visión apasionante de Asimov que tal vez olvide que la pereza forma parte también de la condición humana y que son legión los que teniendo a su alcance todos los estímulos intelectuales que nos acerca internet, se dedican a usar la cabeza para embestir.


Autor: Federico Ayala Sörenssen, publicado en su columna 'El revelado' del diario ABC.es el 21/10/2015



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