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De robots y de hombres

OPINIÓN • 14/04/2016

                                        Antes de final de siglo estaremos todos conectados a la nube, “de los pies a la cabeza”
                                                                                                                                                        (Marcus y Koch)


En la película “2001, una odisea en el espacio”, con una elipsis genial, describe Stanley Kubrick el progreso de la técnica desde sus inicios hasta nuestros días, la era de la informática y la robótica: mientras se oyen los compases del “Así habló Zaratustra”, de Richard Strauss, un homínido, que empuña un poderoso fémur, con el que acaba de abatir a sus presas, incluso a un congénere que le disputa la charca, lanza orgulloso al aire su arma mortífera, que asciende a cámara lenta, en silencio, y acaba convertida en una nave espacial. De fondo suenan los compases del Danubio Azul acompañando el primoroso baile de la nave y la Luna. Toda una historia de éxitos, con algunos girones de humanidad extraviados en el largo camino, condensados en unos segundos.

lo por resumir brevemente señalaremos algunos de esos éxitos: la rueda, la vela, la brújula, la imprenta, los antibióticos, la cirugía, el teléfono, la radio, la televisión… Pero sobre estas luces se alza, como una negra amenaza, pero real, la sombra del hongo de Hiroshima y Nagasaki, la contaminación atmosférica, el efecto invernadero, el cambio climático… Cuando el Dr. Barnard, con su cuidado aspecto de gentleman, anunció el éxito, breve, es cierto, del primer trasplante de corazón, creíamos que era cosa de magia y fue portada de todos los periódicos. Hoy hay miles de personas viviendo con un corazón trasplantado. Ya ha cumplido treinta años la primera niña probeta. Se ha trazado el mapa del genoma humano, con la manipulación genética ha aumentado la producción de alimentos, la clonación de seres vivos es una realidad… Grandes luces y oscuras sombras.

A propósito de una de las grandes conquistas de la técnica, poner al primer hombre en la Luna (Neil Armstrong, 21 de Julio de 1969), mi profesor de Filosofía, Giulio Girardi, publicó un artículo en el que reconocía la extraordinaria hazaña, al tiempo que lamentaba que ese enorme esfuerzo, técnico y económico, no hubiera podido alcanzar también a remediar las necesidades en tantos rincones de esta nuestra tierra.

A veces se hacen eco los medios de comunicación de larguísimas y espectaculares intervenciones quirúrgicas que implican a decenas de facultativos de primera línea y medios técnicos extraordinarios. Cuántos hombres podrían haber disfrutado, con costes equivalentes, de unos cuidados médicos ordinarios, pero suficientes para salvar sus vidas. Y, sin embargo, ese aparente dispendio es lo que nos hace humanos: el no escatimar medios ni esfuerzos para salvar a débiles, enfermos, ancianos…

Recuerdo, a esee respecto, una escena impactante del libro “El país de las sombras largas”, de Hans Ruesch: la madre del protagonista, ya anciana, no puede soportar la dureza de la vida en el pequeño iglú, está débil y apenas puede  comer; una noche de dura tormenta, se despide de su nuera y de su hijo, se adentra en la llanura helada, se acurruca bajo la nieve y espera su fin. Inhumano, decimos. Entre nosotros no podría suceder, para eso hemos construido residencias de ancianos, hospitales bien equipados, ayudas y cuidados de todo tipo… Esto es realmente humano. ¡Lástima que haya tantos a quienes no alcance este trato, al que todas las personas tienen derecho! (Declaración Universal de Derechos Humanos).

La historia reciente nos previene de los problemas colaterales que se pueden derivar de un desarrollo tecnológico que no se ponga al servicio del hombre, de todos los hombres, sino que sirva a unos contra otros, o sirva a unos, olvidando a los demás. La sofisticación tecnológica a la que estamos llegando acrecienta estos peligros.

En el momento actual la informática y la robótica son la punta de lanza del progreso. Y están avanzando de forma espectacular. Los técnicos hablan con naturalidad de Inteligencia Artificial, y de acrecentar las capacidades del cerebro humano de forma prácticamente ilimitada. Nuevos métodos, como la magnetoencefalografía, permiten conocer cada vez mejor el funcionamiento de nuestro cerebro, y la técnica de implantes cerebrales comienza a dar resultados positivos.

Según Ray Kurzweil, Director de Ingeniería de Google, estamos ante el paso siguiente en la evolución humana, que vendrá con la extensión de nuestro cerebro, mediante nanobots (pequeños robots de la cadena de ADN) nadando por los capilares de nuestro cerebro, que mejorarán, no sólo nuestra inteligencia lógica, sino también nuestra inteligencia emocional.



No estamos ante pura ciencia ficción. El implante de microchips en el cerebro se está ya realizando con éxito, desde 1997, para aliviar los síntomas de enfermedades como la epilepsia, el Parkinson, el Alzheimer… La misma técnica está permitiendo algunos resultados en la reparación de la ceguera, la sordera, de parálisis o amnesias.

Gary Marcus y Kristof Koch, de la Universidad de Seattle, sostienen que dentro del presente siglo los implantes neuronales permitirán no sólo reparar daños de enfermedades graves, sino modificar el rendimiento de personas sanas. Se mejorará la memoria, la concentración mental e incluso el estado emocional.

Tal vez con demasiado optimismo se prevé que hacia 2030 el implante de nanobots será factible y que al final de siglo todos estén conectados a la “nube” y, por tanto, con acceso a todo tipo de conocimiento, sin esfuerzo alguno: la información pasará de la web a nuestro cerebro directamente, tanto se trate de un volumen de Filosofía o de Física Cuántica, o de un idioma nuevo…

No todos son tan optimistas: James Friend, de la Universidad de San Diego, cree que todo se ralentizará debido fundamentalmente a trabas administrativas. David Linden, de la Universidad John Hopkins (Baltimore), cree que hay muchos problemas por resolver, antes de que los nanobots sean operativos: el rechazo de las células a cuerpos extraños, la batería de los nanobots, la posibilidad de causar daños al pasar por los estrechísimos espacios entre las células cerebrales… Y aún queda el problema más difícil: aunque todo ello fuera posible, ¿debe o no hacerse? ¿podemos  permitirnos jugar a “dioses”? ¿no nos sucederá lo que al aprendiz de brujo? ¿cuántos podrán beneficiarse de estas novísimas tecnologías? ¿cómo evitar que deriven en manipulación y  dominio de unos sobre otros?

Estas reflexiones siembran una sombra de sospecha sobre las bondades de estas técnicas y, sobre todo, sobre la evidente desigual distribución de sus beneficios.

En todo caso, poniéndonos en la situación más optimista (Marcus y Koch), ¿qué tarea le quedaría, en este contexto, a la educación?

La labor de padres, maestros y educadores seguirá siendo muy relevante. Formar personas será más importante que nunca: formar en la libertad y para la libertad, la recta conciencia, la sensibilidad, la ternura, el sentido de justicia y equidad, la solidaridad, la tolerancia…, todo aquello que nos hace seres personales, diferentes, únicos, pero a la vez capaces de empatía y de amistad, pues los peligros más evidentes, séquito indeseado de las nuevas tecnologías,  pueden ser la manipulación, la despersonalización, el aislamiento o el gregarismo…  Recordemos las amenazadoras previsiones de George Orwell en “1984”, ampliamente rebasadas. O el mundo sin sentimientos, gregario, mecanicista, descrito en “Un mundo feliz”, de Huxley, y el mundo despersonalizante de la película “Matrix”.

La energía atómica puso en las manos del hombre la capacidad de destruir nuestro mundo. No somos capaces de dar vida a una sola célula microscópica, pero podemos acabar con toda la biosfera con sólo apretar un botón. ¡Terrible poder!

Las nuevas tecnologías pueden acabar con el hombre, no aniquilándolo, sino despersonalizándolo. Es el lado oscuro contra el que hay que precaverse.

En cambio, podrían contribuir a hacer realidad un sueño universal, la “sociedad cosmopolita”. Todo se ha vuelto cercano e inmediato. Podemos seguir acontecimientos de las antípodas en tiempo real y nos sentimos afectados por cuanto sucede en cualquier parte de nuestro pequeño mundo. Y tenemos la capacidad de detectar los problemas y aportar las soluciones con inmediatez. Es ahora cuando el hombre tiene realmente la capacidad de crear un mundo distinto, tal como lo previó Immanuel Kant hace más de 200 años. En su ensayo “La paz perpetua” anuncia un mundo en paz, construido sobre las bases de la justicia, la libertad y el progreso, ideales de la Ilustración. Eso será posible con una federación de Estados independientes y solidarios, hospitalarios y respetuosos de un Derecho cosmopolita. No creyó Kant que fuera posible, en aquellos momentos, un gobierno universal, democrático, de ciudadanos libres y responsables, pero sin duda estuvo en su mente como fin de la Historia. Lo que entonces era sólo una hermosa utopía, con los avances tecnológicos acaecidos, sería hoy una realidad factible, si existiera la voluntad de lograrlo. Pero ello exige un tipo nuevo de persona: libre, reflexiva, crítica, tolerante, amante de la justicia y la paz, solidaria, cosmopolita…

Europa ha dado unos tímidos pasos en la buena dirección. Una vez más, como en otros momentos históricos, puede ser guía y modelo a seguir. Será un proyecto a largo plazo, pero el tipo de hombre que tiene que alumbrarlo, puede estar creciendo ya en nuestros colegios, en nuestras familias. Los Derechos Humanos serán, para empezar la andadura, una buena hoja de ruta. Pero unos Derechos Humanos realmente universales y llenos de contenido, no declaración pomposa y vacía. Todo un mundo por explorar y con el que, por ahora, soñar: “Seamos realistas, busquemos lo imposible”.

NOTA: El título se inspira en un espléndido, tierno y cruel relato de John Steinbeck: “De ratones y hombres”.


Autor: Félix Elena Villaverde - Profesor emérito del Colegio Privado San Luis Gonzaga Majadahonda



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De animales a dioses
OPINIÓN • 20/06/2018
El Dr. Yuval Noah Harari nos ha sorprendido con dos obras de un éxito más que notable: Sapiens y Homo deus. La segunda puede considerarse una continuación de la primera, tal como se refleja en los subtítulos: Una breve historia de la humanidad y Breve historia del mañana. En las páginas que siguen presento una breve reseña de las dos voluminosas publicaciones (494 y 492 páginas), siguiendo la síntesis que el mismo Dr. ha realizado en diversas conferencias y entrevistas. Espero no traicionar el pensamiento del autor, y reflejar, al menos en parte, el indudable interés de ambos libros, avalado por su extraordinaria difusión. En la primera de las obras, Sapiens, el Dr. Harari se plantea la siguiente cuestión: ¿qué hizo del homo sapiens la especie victoriosa del planeta? ¿Cómo este mamífero, que genéticamente no es tan diferente de un chimpancé, y que es un animal más débil físicamente que la mayoría de sus competidores, ha logrado imponerse a todos ellos?