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Joaquín Sorolla

Los alumnos del Colegio San Luis Gonzaga de Majadahonda visitaron la última exposición del pintor en Madrid

OTRAS PUBLICACIONES • 18/03/2015

La última exposición de Sorolla en Madrid ha supuesto un éxito cultural importante. Nuestros alumnos la visitaron, en distintos grupos, los días 2 y 10 de octubre. El acontecimiento nos permite recordar la vida y la obra del gran pintor valenciano que marcó el paso de la pintura española del siglo XIX al siglo XX.

Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia en 1863, hijo primogénito del matrimonio formado por Joaquín, natural de Teruel, y Mª Concepción, valenciana. La joven pareja regentaba una humilde tienda de tejidos en la ciudad del Turia.
 
Pronto la desgracia quebró las expectativas del nuevo hogar. Cuando el pequeño Joaquín contaba sólo dos años (y su hermana Concha, uno), la epidemia de cólera que asolaba la región acabó con la vida de los progenitores de los dos niños. Sin embargo, la providencia y el recio entramado familiar de la época resolvieron la situación de desamparo que se cernía sobre los infantes. La hermana de la madre, casada con el cerrajero José Piqueras y sin hijos, tomó en adopción a sus dos sobrinos. La generosidad del cerrajero permitió que Joaquín, ya incluso en la infancia, encontrara acomodo en la actividad del taller de su tío, al tiempo que asimilaba las habilidades artísticas del quehacer de artesanos y forjadores.

José Piqueras detectó pronto las cualidades e inclinaciones del sobrino y se aprestó a dar cauce a sus aptitudes. En 1874 Sorolla ingresa en la Escuela Superior de Valencia, comenzando a destacar por su predisposición natural para el dibujo y la pintura. Dos años después pasa a la Escuela de Artesanos de Valencia, donde recibe clases nocturnas de dibujo que le permiten consolidar sus técnicas y reforzar la decidida voluntad artística. Algún tiempo después entra en la Escuela de Bellas Artes de Valencia. La dirección de sus maestros y el estímulo de los compañeros de formación le convierten de inmediato en alumno destacado, al que impulsan el trabajo disciplinado, los afanes de conocimiento y la búsqueda de la perfección.  

Los méritos artísticos de Sorolla le permiten triunfar en exposiciones y concursos, no sólo en el ámbito territorial, sino, muy pronto, a nivel nacional. De este modo se inicia la carrera artística del pintor valenciano, de acuerdo con la trayectoria de formación propia de los grandes artistas del momento: paso por la Escuela de Bellas Artes, beca de estudios en Roma, exposiciones nacionales, y sillón en la Academia. En Madrid se entusiasma con Velásquez y la escuela realista. En Roma conoce a profesores como Pradilla o José Villegas que lo introducen en la pintura de tema histórico. En París, que había desplazado a Roma como centro de la modernidad, contacta con el naturalismo y la pintura al aire libre (descubrimiento del colorido y tratamiento de la luz). En 1888 se casa con Clotilde García, hermana de un compañero valenciano e hija del que se convertirá en su mentor, el fotógrafo Antonio García Peris. El matrimonio vive inicialmente en Asís (Italia) y el pintor contacta con españoles residentes en la península Itálica (tales como Mariano Fortuny), sujeto de algún modo a los gustos de la época y a las demandas comerciales. 

Entre 1890 y 1900, situado ya en Madrid y tras años de búsqueda y ensayos, Sorolla consolida un estilo peculiar, con características específicas. Comienza la etapa de sus grandes éxitos. Viaja con frecuencia a París y sus cuadros triunfan en toda Europa.

Durante algún tiempo, el artista levantino alterna con los grandes pintores europeos y comparte corrientes y procedimientos. No faltaron incorporaciones técnicas (impresionismo, luminismo, etc.) y tratamientos temáticos que imponían la actualidad cultural y los movimientos artísticos. Pero la pintura de Sorolla exhibía ya una personalidad propia, en la que confluyen realismo, luz, colorido, fluidez en la pincelada, conciencia social… A la altura de 1909, el valenciano es invitado a visitar los EE. UU. para dar a conocer su obra. No han pasado muchos años del enfrentamiento de España con los americanos por la independencia de Cuba y Puerto Rico, y por el Desastre de 1898. En 1911 se repite el viaje para realizar varios trabajos. Sus exposiciones triunfan en toda regla. La sociedad americana se rinde a su pintura y el artista alcanza su plenitud creadora y el reconocimiento internacional. Sorolla realiza retratos a importantes personajes de la sociedad americana y recibe el encargo de decorar la Hispanic Society of América, trabajo para el que, a su vuelta a España, realiza una serie de paneles que culminarán en una magna obra sobre tipos, paisajes y monumentos de las diversas regiones del solar patrio, que titula: Visión de España.

Algunos críticos han tratado de subestimar la trascendencia del pintor, sobre todo en relación con el desarrollo artístico posterior y los hallazgos de la vanguardia. Sin embargo, la producción de Joaquín Sorolla quedará en la historia de la pintura española como un hito incontestable y un logro del esfuerzo, la personalidad creadora y su destreza en el dominio del color y la luz. Fruto de esta labor son cuadros inolvidables, como: La vuelta de la pesca (1894); Cosiendo la vela (1896); Sol de la tarde (1903); La hora del baño (1904); Nadadores (1905); Figuras en Biarritz (1906); Jardines del Alcázar de Sevilla en invierno (1908); Paseo a orillas del mar (1909); El balandrito (1909); Chicos en la playa (1910); Generalife (1910); Mar de Ibiza (1919), etc.

Sara Rodríguez, Profesora de Arte




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