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Daito Manabe, el hombre que hacía bailar a los robots

El músico y estrella mundial de la creación digital habla en Pamplona sobre las fronteras entre arte y ciencia

Foto de Shizuo Takahashi | http://www.daito.ws
Foto de Shizuo Takahashi | http://www.daito.ws

Foto de Shizuo Takahashi | http://www.daito.ws

REVISTA DE PRENSA • 05/10/2017

Hacer danza contemporánea con robots y drones, convertir zapatillas de deporte en mezcladores de audio, traducir a música las señales eléctricas del cuerpo humano, crear gigantescos espectáculos interactivos y virtuales como el de la clausura de los Juegos de Río y montar los shows de músicos como Björk, Lang Lang o Ryuichi Sakamoto son algunas de las ocupaciones cotidianas de Daito Manabe.

Este compositor, artista digital y DJ japonés de 41 años vive en un mundo extraño en el que nada llega a ser del todo ciencia ni nada es exactamente arte… o quizá todo es ambas cosas a la vez en el alocado puzle tecnológico-creativo que propone en sus intervenciones. Y puede que eso tenga que ver con su doble titulación profesional: licenciado en Programación Sensorial Dinámica por la Academia Internacional de Medios de Comunicación y Ciencia y en Ciencias Exactas por la Universidad de la Ciencia de Tokyo. Eso, además de amante incondicional de Picasso, Éric Satie y Verdi.

“La esencia de la ciencia es resolver los problemas. Mi actividad, en cambio, consiste en plantear problemas a través de mis creaciones. ¿Si hago arte? Pienso que estoy en un lugar intermedio entre lo científico y lo artístico, pero estoy más cerca del terreno artístico, sí. Porque el arte plantea problemas, como la filosofía. Y yo no quiero resolver puzles… yo quiero crear puzles”, explicaba Daito Manabe el martes durante una conversación con este diario en el teatro del Museo de la Universidad de Navarra. Allí, y en presencia de cerca de 500 personas que le miraban y escuchaban entre fascinadas y atónitas –entre ellas, una mayoría de estudiantes- el creador japonés impartió junto con la coreógrafa y bailarina nipona Mikiko una clase magistral y proyectó algunas de sus más celebradas creaciones digital-virtuales.

Con una de ellas, Phosphere, acudió a la última edición del Festival Sonar de Barcelona: un espectáculo poético, inquietante y delirante, en suma. Todo ello poblado de espejos sincronizados, barras de luz, bailarinas, máquinas de humo, computadoras y arquitecturas algorítmicas al servicio de la danza y de la música. Un montaje que, como la mayoría de los que dirige Manabe, procede de la factoría Rhizomatiks, el estudio creado por él y otros cuatro socios en 2006 en Tokyo. Un montaje a caballo entre lo real y lo virtual, entre lo que el espectador ve y lo que cree ver.

En otro de los shows que proyectó y explicó en Pamplona, 24 drones, la presencia de las pequeñas máquinas voladoras junto a las cinco bailarinas era un ingrediente más del espectáculo. “Exigir a las máquinas que bailen es dificilísimo”, explicaba Manabe, “pero estamos perfeccionando mucho… cada vez es más difícil saber si esta o aquella coreografía la ha creado un ser humano o una máquina con un programa. Y pronto llegará un día en el que será imposible saber si el autor ha sido un hombre o una máquina”.

¿Dónde quedará, qué sentido tendrá la presencia humana cuando científicos con sensibilidad artística como Manabe logren que los robots se muevan –o piensen- como el hombre y la mujer? La estrella japonesa, el tipo que se disputan festivales y congresos de medio mundo, medita y prefiere no contestar a eso. Pero reconoce: “En el campo de la danza es más complicado, porque las máquinas de momento crean movimientos artificiales, que se ve que son artificiales. Todavía no han logrado crear movimientos que parezcan naturales, pero llegará”.

Daito Manabe llegó hace dos días a Pamplona tras 28 horas de viaje desde Japón, y tras su master class en el Museo de la Universidad de Navarra volvió a montarse en el avión rumbo a… Shanghai. Los responsables del MUN, en colaboración con la Fundación Japón, le invitaron para que contara su cruce de cables: un fantástico cruce de cables entre el arte y la ciencia; entre la música, el número y el algoritmo.


Entre la ópera y el algoritmo


Daito Manabe, ganador de un largo rosario de premios en festivales de creación digital, colabora con artistas como el compositor Ryuichi Sakamoto, el compositor y director de orquesta Andrea Battistoni (en la ópera Othello de Verdi), la cantante islandesa Björk (supervisó la producción de su espectáculo en directo Quicksand) y el pianista japonés Lang Lang. A principios de este año, Manabe firmó el montaje de Celestial Frequencies, una obra audiovisual basada en datos y algoritmos, en colaboración con el Centro Nacional de Astronomía y Astrofísica Jodrell Bank Center de la Universidad de Manchester.


Autor: Borja Hermoso en elpais.com el 04/10/2017.



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