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La heredera hispana de Einstein que montaba motores con 10 años

De niña, Sabrina Gonzalez Pasterski ya diseñaba aviones. Ahora, con 24 años, es la física más prometedora del siglo XXI.

REVISTA DE PRENSA • 11/10/2017

Comparar a alguien con Einstein parece recurso de periodistas, un anzuelo mediático para atraer a lectores con referentes que todos conocemos. Sin embargo, Sabrina Gonzalez Pasterski es una heredera legítima del genial físico porque su título está avalado por la comunidad científica más reconocida. Tanto sus profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) como los de Harvard -primera y tercera mejor universidad del mundo respectivamente- afirman que su potencial es inusitado y la consideran una de las estrellas de la física mundial. A tan halagador sobrenombre ha contribuido Stephen Hawking, el cual sigue sus investigaciones y ha hecho referencia a tres de sus trabajos.

Ella insiste en que es una chica normal, una estudiante que tiene mucho que aprender y no merece ninguna atención especial, razón por la que rechaza hacer entrevistas. Aun así, Gonzalez Pasterski, estadounidense de madre cubana de 24 años, responde a un par de preguntas de PAPEL y nos envía un texto con los que considera son los hitos de su vida. Éste, como era de esperar, lejos de convencernos de su normalidad, nos confirma que está totalmente fuera de ella desde la primera frase: «Comencé a volar a los 9 años», arranca el documento. Y no, no se refiere a lanzarse sobre un montón de cojines disfrazada de Superman, sino a volcarse en la aviación.

Nacida en Chicago en 1993, Gonzalez Pasterski se licenció en Física por el MIT, en 2013, en sólo tres cursos y con el mejor expediente que se puede obtener, una media de 5.0. Tenía 19 años. Sí, 19. En la actualidad se encuentra realizando su doctorado en Harvard sobre los agujeros negros, la naturaleza de la gravedad y el espacio tiempo, materias que ocuparon a Einstein y Hawking. El centro le ha dado total libertad para estudiar lo que quiera y como quiera, sin supervisión.

«Solicité entrar en el MIT antes de tiempo, pero me lo denegaron. Me pusieron en lista de espera, y entonces, con la recomendación de dos premios Nobel, un secretario de las Fuerzas Aéreas Americanas, y una trabajadora del MIT, entré», explica. Fue la primera de su promoción, quedó empatada con el mejor expediente de la historia en el MIT y fue también la primera mujer en recibir la Beca Orloff de Física de dicho centro.

Pero ella insiste en su pasión por volar. «Cuando me admitieron intenté mudarme a Massachusetts en avioneta, pero la autoridad aérea competente me denegó el pase de seguridad para el aeropuerto por tener sólo 16 años». En el MIT han visto muchas cosas fuera de lo normal, a pesar de lo cual la secretaria que trató su admisión quedó impresionada por lo joven que era «y además mujer». Aunque hoy en día la mitad de las estudiantes del MIT son féminas con impresionantes currículum, Gonzalez Pasterski tenía algo especial, quizás fruto de un cociente intelectual por las nubes combinado con una educación y un entorno familiar que siempre la ha apoyado.

Por lo que nos narra, se diría que nadie le habló nunca de límites, sino más bien lo contrario: «Cuando era pequeña, estaba interesada en el espacio. Quería construir una nave espacial». Y decidieron echarle una mano con ello. Fue así cómo a los 9 años pudo realizar aquel primer vuelo con el que arranca su pequeña autobiografía, «a lo largo de la costa, fue realmente precioso». Un abuelo enrollado como pocos también puso su grano de arena. «Cuando cumplí 10 años me regaló una avioneta Cessna 150 vieja. Le costó 10.000 dólares y se rompía muy a menudo». La solución parecía simple: arreglarla. Compró un motor averiado en eBay, que montó y desmontó con la esperanza de, un día, poder reconstruir el de su Cessna. Y no esperó mucho: con 12 años ya tenía esas nuevas tripas para su vieja máquina, con la que pudo realizar su primer vuelo en solitario.

Con las piezas utilizables sobrantes de su antiguo motor y otras de diferente procedencia decidió ensamblar otro. Como la carcasa de una nueva avioneta no le iba a caer del cielo -Gonzalez Pasterski ha estudiado gracias a la financiación de los bancos, a los que debe ya, señala, 134.000 dólares- decidió construirla también. «Coloqué un 95% de los remaches -15.000- y para el resto me ayudaron un alumno de infantil y varios compañeros de la escuela pública a la que asistía». La juventud de los técnicos no impidió que obtuviera la licencia para la avioneta con 14 años, y con ella realizó su primer vuelo en solitario en Estados Unidos, con 16.

Con un currículum de semejante altura no es de extrañar que Jeff Bezos, propietario de Amazon y de la compañía aeroespacial Blue Origin le ofreciera trabajo -el que quiera y cuando quiera- hace ya varios años. Según medios estadounidenses, la NASA también ha mostrado mucho interés en ficharla. En enero de este año, la revista Forbes la incluyó como una de las 30 personas más influyentes de menos de 30. Pero ella, en su línea: «Estoy centrada en acabar mis estudios y me gustaría llegar a dirigir un laboratorio interdisciplinar, en el que biología, química y física interactuasen».

De ese objetivo no la desvían los smartphones, Facebook, Instagram ni Twitter, pues carece de todas estas cosas. Nunca ha probado el alcohol ni fumado. «Me gustaría que se comentara más lo que hago que lo que no hago». Le gustan el chocolate y las motos. Con 16 años se compró su primera Harley. Para su primer café ha tardado algo más: lo probó el 29 de julio de 2017, comparte con PAPEL. Y es que resulta obvio que su mente no necesita ayuda para estar despierta. Con ella la comunidad física mundial está convencida de que nos ayudará a entender mejor los misterios del universo.


Autora: Eva Dallo en elmundo.es el 10/10/2017.



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