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Cómo educar a los niños del siglo XXI

Expertos reunidos en la Cumbre Mundial de Educación, celebrada en Doha (Qatar), aportan las claves para educar a la nueva generación: ética, hechos y pensamiento concreto

REVISTA DE PRENSA • 24/11/2017

Imagínese que entra en una gigantesca biblioteca, como las de Borges, y que los libros no están clasificados. Hay miles de volúmenes con lomos de colores brillantes que reclaman su atención, pero no sabe cuál escoger. Se detiene en uno por azar, pero descubre que no lleva título. Hay otro en la siguiente estantería en el que se fija, más que nada por la suave piel de la encuadernación, pero tiene faltas de ortografía. Comienza a abrir un tercero pero lo que cuenta no es verosímil. Algo así les ocurre a los niños y adolescentes de ahora. Tienen a su disposición más información que nunca, de una forma accesible e instantánea, pero no siempre saben cómo valorarla y utilizarla y se pierden por las interminables escaleras de Babel.

Si ya nos pasa a los adultos, que no entendemos casi nada de lo que ocurre en estos tiempos de disrupción global e incertidumbre, ¿cómo hacen los críos para procesar esa ingente cantidad de datos que cada día les pasa por ese nuevo apéndice que es para ellos su teléfono móvil? ¿Cómo enseñarles a salir adelante en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo que no parece que vaya a estabilizarse? De todo esto reflexionaron los expertos internacionales reunidos durante la semana pasada en la Cumbre Mundial de Educación celebrada en Doha (Qatar). EL MUNDO habló con ellos para intentar recopilar las claves sobre cómo educar a la generación del nuevo milenio.


¿Cómo es la nueva generación?

Estos críos de clase media han nacido con más facilidades, pero han cargado sobre sus hombros la pesada carga de la crisis. Y de la poscrisis. Sus mayores, consciente o inconscientemente, les han transmitido esa presión de que el trabajo es un bien inalcanzable (el paro juvenil en España ronda el 40%, más que el triple de la media de la OCDE) y muchos ya han interiorizado que están condenados a vivir peor que sus padres. Según La cuestión juvenil, ¿una generación sin futuro?, una investigación realizada por los sociólogos José Félix Tezanos y Verónica Díaz, «muchos jóvenes se han instalado en un fatalismo indigno y negativo, con una fuerte desconfianza hacia la sociedad y los políticos» y «la posición mayoritaria es muy crítica con el estado actual de las cosas». Su relación con la autoridad y la disciplina es distinta de la que tenían sus padres.

Por otro lado, están habituados a vivir permanentemente conectados, hasta el punto de que el 22% de los estudiantes españoles de 15 años usa internet más de seis horas diarias al salir de clase. Su capacidad para mantener la atención sostenida en el aula no pasa de los 20 minutos y eso ha llevado a muchos centros a replantear la forma de impartir las clases. Según explican en La escuela ya no es un lugar las educadoras Olga Casanova y Lourdes Bazarra, existe «un progresivo distanciamiento entre el colegio y los alumnos, que se traduce en una desmotivación y desinterés importante». A cambio, tienen más skills (como se llaman ahora las habilidades); son más desenvueltos y espontáneos y están más acostumbrados a distintas realidades culturales. Están expuestos a más cosas y eso ha cambiado su perspectiva del entorno.

Los expertos reunidos en la Cumbre de Doha recalcan que, en este mundo tan hipertecnologizado, la educación debería enseñarnos a resolver cosas que las máquinas no pueden hacer, poniendo el énfasis en las habilidades humanas y sociales, como la ética o el trabajo en equipo. Se habla del nuevo tribalismo, donde las opiniones están cada vez más polarizadas, y de un escenario, el de internet, en el que «no hay distinción entre lo que es cierto y lo que es falso y en que cualquier cosa se puede viralizar, independientemente del hecho que la sustente».


La verdad verdadera

Por eso, sostienen que tendrán más ventaja aquellos que dispongan de más herramientas para encontrar la verdad objetiva -los hechos puros y duros- entre tantas verdades alternativas. Aquí se observa una crítica al relativismo: la teoría de que no hay una verdad absoluta, sino múltiples realidades igualmente válidas, que tanto peso ha tenido durante las últimas décadas, nos habría conducido hasta la posverdad, dejan caer los expertos de Doha, que propugnan una vuelta al «dos más dos es cuatro, porque es un hecho, no una opinión».

Y esto desemboca en otro cambio importante: aunque el proceso de aprendizaje es importante -el famoso aprender a aprender-, se propugna una vuelta a los conocimientos concretos, que tan mala fama han tenido en los últimos tiempos. Los niños deben tener una base sólida de saberes para no perderse en la gigantesca biblioteca llena de trampas que es internet.

Sir Michael Barber, que fue asesor educativo de Tony Blair, explica en conversación con EL MUNDO que los niños tienen que «aprender a escribir y a leer bien, a saber Matemáticas y a tener unos conocimientos concretos». «Estas cosas no cambiarán, no lo hemos hecho bien y tendremos que mejorar en el futuro. La gente que dice que no necesitamos conocimientos concretos porque podemos googlearlos está completamente equivocada. Esto ha sido muy dañino y me frustra bastante que en algunas conversaciones sobre educación se diga que el conocimiento no importa. No estoy diciendo que sea lo único que importa ni que haya que aprenderse todas las fechas, pero quiero que los niños tengan nociones de Historia. No quiero que los alumnos abandonen la escuela sin haber leído a Shakespeare o Dickens. Es difícil entender lo que ha pasado en Cataluña si uno no se sabe la Guerra Civil», señala el coautor del famoso informe McKinsey.

Liderazgo y pensamiento crítico

¿Que más necesita la educación del siglo XXI? Barber apunta tres cosas más: «Los niños tienen que aprender a pensar; necesitan liderazgo, que es la habilidad para influir en la gente, cómo escuchar, cómo construir relaciones o cómo discutir, y, por último, pero esto lo engloba todo, necesitan tener una perspectiva ética del mundo, para saber llevarte con gente que piensa de una forma diferente a ti, que tiene un color de piel, unos antepasados o unas creencias distintas. En el mundo moderno tenemos que cambiar las bases de la ética: la forma en que pensamos en el planeta y en que construimos las relaciones humanas».

Ética ha sido la palabra más repetida durante la Cumbre de Doha. El premio al mejor profesor del mundo ha recaído este año, de hecho, en el ganés Patrick Awuah, que dejó su cómoda vida en EEUU, donde trabajaba para Microsoft, para montar una universidad en su país natal basada en la ética.

La pedagoga Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema y la única española que ejerció como ponente en la Cumbre, insiste en que «abordamos unos desafíos tecnológicos muy importantes y el conocimiento va muy deprisa. Además de darles información a los niños, hay que amueblar las cabezas».

El pensamiento crítico es mencionado por los expertos internacionales como una habilidad fundamental en este mundo trumpista en el que lo que es verdad por la mañana se convierte en mentira por la tarde.

Según Kishore Mahbubani, decano de la Facultad de la Escuela de Ciencias Políticas Lee Kuan Yew de la Universidad de Singapur, «los jóvenes de ahora son demasiado candorosos». «Van a tener que aprender lo que es la disciplina intelectual y la educación tiene que enseñarles a decir que no y a no creerse todo lo que les dicen. A nosotros no nos pasaba porque no teníamos tantas cosas que elegir. Si yo hubiera tenido un iPhone, no habría leído tantos libros y no tendría el trabajo que tengo ahora».



Autora: Olga R. Sanmartín en PAPEL (elmundo.es) el 20/11/2017.



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