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Carpe Diem

OPINIÓN • 06/04/2018

Carpe Diem, dos palabras que tienen un significado importante y hasta que no te das cuenta no lo valoras, como esa frase mítica que tanto nos repiten: <<nunca te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes >>.

El reloj marcaba las seis de la tarde y ahí estaba yo en esa sala sola con él, uno de los hombres más valientes que conocía, un influyente para mí, alguien que me ha hecho reír y siempre me repetía una y otra vez esa frase de <<vive el momento>>. Y hasta hace unos minutos no sentía de verdad esas palabras. Tenía los ojos vidriosos de verlo en esa situación, de ver a mi abuelo con un montón de tubos que recorrían su cuerpo. De repente unas palabras salieron de su boca e hizo una pregunta: ¿Miriam, eres tú? Me giré y me acerqué a él.

—Hola abuelo —dije a punto de llorar—. Lo abracé y él siempre con su humilde sonrisa me contestó:

—Veo que estoy en mis últimas —reí ante esas palabras porque aunque me dolieran, él siempre sabía hacerme reír.

Y le contesté:

—Has despertado del coma abuelo, voy a avisar a las enfermeras.

Él me frenó y me dijo que no fuera, no entendí nada hasta que me explicó:

—Miri, me duele decirlo pero mi vida se acaba, todo tiene fin y en mis condiciones una enfermera no me va a ayudar. Si tengo que elegir un final para mi cuento prefiero que sea aquí con mi nieta a la que tanto echaré de menos.

Esas palabras me pincharon como espinas pero él me dio la mano para calmarme y me habló muy bajito:

—A los dieciséis años siempre me repetía esa frase, <<vive el momento>>, y cuanto mayor eres, esas palabras van cobrando mayor importancia. Yo siempre fui de esos a los que les gustaba vivir el momento, no de esos que se lo piensan una y otra vez preguntándose ¿y si…? La verdad, Miriam, nunca se me ha dado bien expresarme pero, ¡lo que daría yo por tener tu edad! Si alguien alguna vez te pregunta ¿y qué consejo te dio tu abuelo?, yo no quiero que contestes <<que estudie mucho>>. No, yo quiero que a ese que te pregunte le puedas responder que te dije dos palabras, solo dos palabras que significan que disfrutes, que vivas en el presente y que, pase lo que pase, seas feliz. Así que, Carpe Diem.

De repente vi que mi abuelo no tenía pulso. Muchas lágrimas cayeron por mis mofletes, le di un beso en la mejilla y salí de la sala. A lo lejos vi a mi madre y a mi abuela que venían a la habitación.

Me lancé a los brazos de mi madre y enseguida mi abuela sabía lo que pasaba. Las tres fuimos a la sala y mi abuela llamó al doctor. Me senté en una silla quedándome pasmada porque no podía ser verdad, pero cuando el doctor nos dijo que lo habíamos perdido, mi mundo se paralizó. Mi madre se acercó a mi sacudiéndome y llamándome: ¡Miriam, Miriam, Miriam!

—¡Uy! Lo siento —dije.

—No pasa nada —dijo la tatuadora. —¿En qué pensabas? Te has quedado embobada.

—Pensaba en la razón por la que me hago el tatuaje.

—Y ¿Por qué te lo haces?

—Por mi abuelo.

—¿Y qué era lo que querías?

Carpe Diem.


Autora: Claudia Gallego Barranco, alumna de 3º de Educación Secundaria del Colegio Privado Engage. Este relato, realizado en clase, ha sido publicado en la revista 'Pasar página' nº 6, de cuyo Consejo de Redacción forma parte Claudia.



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