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Todos los niños tienen talento potencial

REVISTA DE PRENSA • 14/08/2018

Vocalista y compositor, Jorge Ruiz es el líder del grupo de pop ‘Maldita Nerea’. Pero su historia va mucho más allá del mundo de la música. Pocos conocen que además de músico es logopeda y maestro especializado en Audición y Lenguaje. Desde hace años compagina su carrera musical con otra de sus pasiones: la educación. Como embajador de talento de la ‘Fundación Promete’, ha participado en numerosos foros pedagógicos, donde defiende la mejora de la educación como una tarea de todos, posible y necesaria. A través de su historia personal, Jorge Ruiz pone el foco en la importancia de desarrollar el talento potencial de cada niño a través de la creatividad y de sus capacidades individuales. Es autor del libro “Bailarina”, en el que bajo el mismo título que su último disco, explora el universo femenino. Muchas de sus reflexiones sobre el talento, la filosofía y la educación en general, se plasman también en sus letras. Para Jorge Ruiz, “el talento potencial ya está en cada niño. No hay que inculcarlo, hay que desprenderlo.”

Jorge Ruiz. Bueno, mi nombre es Jorge Ruiz. La mayoría de vosotros me conoceréis por mi faceta de músico, cantante y compositor en Maldita Nerea, pero hoy me gustaría también contaros una parte de mí que no es tan conocida y que tiene más que ver con, como yo llamo, mis actividades extraescolares. Y es que, aparte de músico, mi pasión real no es solo la música, sino la comunicación, y tuve la oportunidad de estudiar una carrera, que era Logopedia, la terapia del lenguaje. Y, cuando acabé, también estudié Magisterio en audición y lenguaje. Ahí aprendí muchas de las cosas que hoy se han convertido en mi pasión: el mundo de la educación, el mundo del talento y el por qué el sistema educativo no consigue desarrollar el potencial que todos los seres humanos tenemos dentro. La mayoría de los que estáis aquí conoceréis mucho de mis canciones, algunos me pondréis cara, otros no. Eso también ha sido porque he estado intentando que la atención estuviera en las canciones y no en mí. Eso también me ha permitido llevar una vida totalmente anónima y, como yo digo, seguir teniendo los pies en el suelo. Pero me gustaría contaros algo que quizás os llame la atención de mi historia porque, a lo mejor, lo estáis sintiendo vosotros también, que tiene que ver con que crecí pensando durante todo mi proceso educativo que no tenía ningún tipo de talento. Y cuando digo ningún tipo de talento es literal. Ni siquiera las cosas que yo sabía o pensaba que podía hacer bien, que me gustaban, ni siquiera ahí pensaba que eso le gustase a nadie, que ese talento o potencial pudiera salir. Cuando tengo encuentros con personas como vosotros, me encanta abrir con una frase, con una idea que es que yo crecí pensando que era una bola negra, una bola negra en referencia a todos los estudiantes, todos somos bolas negras, y hay unas poquitas bolas rojas que son los que tienen talento. Y esas bolas rojas suelen destacar en algo o tener una nota muy alta o tener algo superevidente en lo que destacan mucho, pero la mayoría de las bolas negras también tienen algo, lo que pasa es que ese algo no se ve. Mi historia tiene que ver con eso porque yo en un aula no podía brillar porque no tenía la posibilidad de expresar mis ideas, ni al ritmo que yo las quisiera expresar, porque todo se me daba hecho en una lección, en un contenido que me daban los profesores, y crecí pensando que no tenía ningún tipo de talento, hasta que se produjo un hecho importante en mi vida. A partir de los veintipocos años yo ya estaba matriculado en derecho, después de haber tenido un recorrido normal, notable. Ya sabéis, ¿no? Tampoco llegas a suspender todo ni a brillar. Pero se produjo un hecho en mi vida que es que mi cuerpo me paró, me dijo, a través de un trastorno de ansiedad, me dijo: «Hasta aquí». Estaba sufriendo mucho, no era feliz, matriculado en una carrera que no me gustaba nada y donde yo no podía brillar, porque, además, solo tenía que memorizar y no podía o sentía que no podía expresar mi creatividad. El hecho de tener ese trastorno de ansiedad me paró y me hizo dejarlo todo. Abandoné los estudios y me dije a mí mismo: «Hasta que no encuentres lo que quieres hacer, no hagas nada. No corras a un lugar, o sea, en una dirección que no te vaya a llevar a ningún sitio al que quieras llegar». Y eso, cuando tienes veintipocos años te convierte en un bicho raro, todo tu entorno enseguida te trata de decir que estás equivocado, que tienes que estudiar algo o hacer algo o trabajar en algo, pero no te dicen bien en qué, porque no lo saben ellos tampoco. Así que paré todo en mi vida y lo único que tenía claro, mi única referencia, es que quería hacer canciones porque las hacía desde pequeño. No tenía en mi familia ningún referente musical, así que era un terreno totalmente desconocido, inhóspito. Y, además, solo escuchaba una frase muy manida que es que el mundo de la música es muy difícil. Curiosamente eso lo he escuchado luego de todos los mundos, todos los mundos son difíciles, sobre todo para el que lo dice. Es muy fácil decir: «El mundo de la ingeniería es muy difícil», «El mundo de la docencia es muy difícil», «El mundo del baile…», todos los mundos son difíciles. No he escuchado a nadie decir: «Tu mundo es maravilloso si tú lo quieres vivir, así que vívelo», eso no lo escuché nunca y lo eché en falta, la verdad. Pero bueno, al final me lo dije a mí mismo y decidí tratar ese trastorno de ansiedad que al final se manifestó en un problema vocal que luego me llevó a estudiar logopedia, porque tuve una maestra que me enseñó lo que era la terapia de voz y cómo conocerme a mí mismo a través de la voz. Paralelamente, grabé una maqueta. Imaginaos, lo paré todo ¿sabes?, dejé la carrera, tu familia diciéndote que no puedes hacerlo, tus amigos diciéndote que estás loco, pero tú constante, pensando que estás haciendo lo correcto. Al pararlo todo, empecé a ver otra realidad. Tener este tratamiento con esta maestra que me enseñó lo que era la logopedia, empezar a estudiar logopedia y grabar mi primera maqueta y conseguir mi primer contrato profesional en apenas unos meses, os podéis imaginar lo que uno puede sentir sobre todos aquellos que te decían que estabas equivocado y que eso era muy difícil. Bueno, esto es relativo, y si tú confías en ti mismo, al final, las cosas acaban pasando, pero tienes que confiar todo el tiempo, no solo en un punto del camino, sino todo el tiempo. Bueno, pues esta historia continuó estudiando Logopedia, grabando maquetas, pude sacar mi primer disco, luego mi primera compañía me echó a la calle… Nadie dijo que fuera sencillo, ¿no? Pero me supe reponer y me di cuenta de que había cometido el mismo error que al principio: corría demasiado hacia un lugar que no era el mío, por eso volví a parar, terminé la carrera y, en ese stand by, salió esta cancioncilla que tal vez os suena, que es una canción que habla de filosofía que se llama El secreto de las tortugas y que me cambió radicalmente toda mi vida. Pero también monté mi gabinete de logopedia, y esto es una parte de la historia que os quería contar, y ahí empecé a trabajar con niños de verdad y empecé a ver que los niños son una fuente inagotable de creatividad, de talento potencial y de pasión. No conozco a ningún niño que no sea creativo, ninguno, no existe eso; y no conozco a ningún niño que no sepa adónde va. Entendiendo por «saber adónde va», todos los niños tienen una individualidad, y se expresa a través de sus intereses y sus gustos, son exclusivos. No existen dos niños iguales, ni siquiera dos gemelos. Por lo tanto, no entiendo que no se vea eso y que no se proteja eso para ver adónde se dirige, ¿me seguís? Claramente, no puede tener un objetivo claro. No hay ningún niño que a los ocho años te diga: «Quiero ser…» o sí lo puede haber, pero luego eso cambia, y tú sabes que puede cambiar. Lo que no puede ser es que eso no se respete. Yo lo vi en la consulta, vi que no tenía casi que intervenir, que sencillamente tenía que acompañarles adónde se dirigieran. Pero bueno, mi carrera musical empezó a crecer y no podía tener la consulta que había abierto, no la podía tener abierta. Por cierto, también se me dijo que el mundo de la logopedia era muy difícil, solo se me decía que no había trabajo de logopeda, y yo no entendía nada, porque en apenas unos meses, como os digo, aquella consulta se llenó. Claro, hay que hacer cosas diferentes. Tuve que dejar mi trabajo como logopeda y ahí es donde la vida me trajo un regalo fantástico que es poder vincularme al cambio educativo. Alguien me escuchó hablar de educación en una radio, en una promoción de un disco, que en vez de hablar del disco me ponía a hablar de educación. Me vio el plumero, me llevó a un evento relacionado con el mundo de la educación, y ahí empezó mi bagaje, y actualmente le dedico muchísimo tiempo a esto de lo que os hablo, a tratar de recordar al universo, a vosotros, a las personas, a los padres, a los educadores que el talento potencial está en todos, no solo en unos pocos; y que la forma de expresar ese talento es tremendamente variable, pero eso no significa que no podamos tener la capacidad de verlo. Ahora, hay que dedicarle una cosa muy valiosa que se llama atención. Yo siempre digo en una frase que dar atención significa «te quiero». Si no te dan atención no es que te estén diciendo que no te quieran, pero no te están apreciando como te mereces, y eso pasa en todos los ámbitos de la vida de una persona, no solo en el ámbito laboral o en el vuestro, estudiantil, sino también en las relaciones personales, familiares, de amigos… Ninguno quiere que no le atiendan, no conozco a nadie, a ningún ser que no quiera ser atendido, porque eso significa «te quiero», y porque crecimos como especie estando juntos. Por lo tanto, el amor tiene que ser el punto uno del camino, no puede no haber amor en lo que hacemos. Por eso la educación, sin darse cuenta o dándose cuenta pero siguiendo una inercia que es más propia de un mercado que de algo natural, la escuela está ignorando sistemáticamente los tesoros que llevamos dentro. Y esto no es algo literario ni que pertenezca únicamente a un discurso vacío, sino que la ciencia ya lo sabe, la doctrina ya sabe esto, y sabe que si a una persona le das su espacio, esa persona acaba brillando. Deciros que esto también lo tengo que poner en evidencia día a día, el creer en mí. Hace poco desarrollé otra faceta que no sabía que tenía que era la de escritor, y tuve los mismos miedos que cuando empecé como músico y cuando empecé como logopeda: «¿Esto cómo se hace?». Pero hace unos meses alguien confió en mí, creyó en mí, me acompañó y he escrito mi primer libro Bailarina. Una estrella abriendo camino, que habla también del lado femenino. Que si queréis luego hablaremos de eso porque es un lado importante que está en todos nosotros, no solo en las chicas. Ahora sí que me gustaría que fuerais vosotros, si os apetece, que me contarais o vuestras historias o que me hicierais las preguntas. Porque de eso de trata, no de un monólogo, sino de un diálogo.

Luis. Hola, Jorge. Soy Luis. Mi pregunta sería: ¿qué puedes aportar como cantante en el mundo de la educación?

Jorge Ruiz. Es una pregunta muy interesante porque me la hice hace mucho tiempo cuando un amigo me preguntó, cuando me empezó a ir bien en el grupo, que qué iba a hacer con mi influencia. Me estaba comiendo un melocotón y todavía me acuerdo porque no entendía bien la pregunta. Luego, con el tiempo, la entendí. Veréis, los músicos tenemos un atril muy privilegiado, el más privilegiado del mundo de las artes porque la música está en el cerebro humano antes que el lenguaje. Esto se sabe porque en todas las culturas, todas las madres le cantan a los niños o les entonan melodías y ritmos para captar su atención; antes de que ellos puedan hablar, el lenguaje se forma después. Eso coloca a la música en la cúspide de la pirámide de la comunicación. Entonces, los músicos tenemos que honrar ese privilegio porque nacemos con ese don. Cuando descubrí esto, que fue a través de una pregunta de Eduard Punset, que no es una pregunta, es una trampa. Dije: «¿Por qué me preguntas esto a mí?», dice: «Como eres logopeda y músico pues tendrás que saberlo, ¿qué fue antes la música o el lenguaje?». Y luego lo vi bien, aunque hay discrepancias, siempre unos dicen una cosa… Yo lo tengo claro: le cantamos a los niños porque la música es una manera de captar su atención y de emocionarles. La pregunta fue: ¿Mi influencia en qué la estoy utilizando? ¿Qué estoy diciendo al universo a través de mis canciones? Entonces empecé a analizar mis canciones y descubrí que principalmente hablaban de escuchar. No sé bien por qué, pero a mí me interesa más el escuchar que el emitir, por eso mis canciones tienen la vocación de ser cantadas. Y eso, luego, descubrí que tenía una relación muy clara con el tipo de educación que no recibí, porque a mí no me escucharon. No hablo en concreto, sino en general. Todos intervenimos en la educación de todos, y yo sentía todo el tiempo que nadie me escuchaba. La vida, como he dicho antes, me trajo un regalo maravilloso que es poder trabajar con la Fundación Promete, que es una fundación muy pequeñita pero que tiene un modelo de educación probado y que crece cada año en el que se le pregunta al individuo adónde va: «¿Qué quieres ser?», se llama la educación del ser. No es «¿qué quieres ser?», porque el niño ya es, pero el niño tiene que expresar para ir creando esa identidad, y se le acompaña hasta ese lugar permitiéndole que se equivoque, eso es fundamental en educación. No puedes no equivocarte en educación, o al menos en la reglada, y eso es un error porque el ser humano aprende, precisamente, equivocándose. Como cantante, mi atril de comunicación, este que se me dio, lo intento utilizar honrando esa responsabilidad de comunicar cosas de valor para los otros, para que puedan escucharse a sí mismos y puedan rescatar ese valor y recordar que lo más valioso que tiene un individuo siempre está dentro, no fuera.

Aisa. Hola, Jorge. Me llamo Aisa y yo te quería preguntar si crees que todos tenemos talento, y cuál sería la forma de saber cuál es el nuestro.

Jorge Ruiz. Es una gran pregunta. Verás, yo sí creo que todos tenemos talento potencial. Pienso, también, como José Antonio Marina, el gran maestro filósofo, que el talento no está al principio de la educación, sino que está al final, y que todos tenemos, digamos, la responsabilidad de permitir que salga el nuestro y el de los demás. Yo sí que creo que todos tenemos talento y que para poder reconocerlo tenemos que ser capaces de que el individuo se escuche. No enseñar a escuchar, sino que el individuo se escuche, porque ya está en nosotros esa capacidad. No hay que inculcarla, sino desprenderla. No sé si me explico. Es como la famosa educación en valores, en unos valores que ya están en nosotros: la solidaridad, la compasión… salen, van saliendo según el individuo va creciendo. No es que esté mal educar en valores, sino que, realmente, si no impedimos que la persona se escuche, tarde o temprano encontrará su valor y querrá trabajar en él para convertirlo en un talento del que vivir. ¿Me seguís? Luego, la respuesta es: sí, todos tenemos esa energía vital suficiente para llevar a cabo una vida creativa, y eso para mí es el talento potencial, y es lo que la escuela o el proceso educativo y también la sociedad debe permitir que pase. Te puedo contar cómo lo descubrí yo. Como no sabía escucharme, porque había entendido que lo que yo tenía que comunicar no tenía valor, ¿por qué? Porque siempre me decían lo que tenía que estudiar, nadie me preguntaba: «Oye, ¿quieres decir algo?». Bueno, me preguntan con un examen, por escrito. Yo quería comunicar, entonces, ni siquiera sabía que quería comunicar. Pero os he dicho antes que la ansiedad me paró. Realmente vivía angustiado, siendo una persona muy joven enseguida vi que no era feliz y que aquello no tenía ningún sentido. Entonces, el parar por decreto, es decir, o paras o esto va a acabar mal, eso es lo que hizo que me escuchara. Entonces, le presté mucho valor a mi talento, que es que yo había hecho ya muchas cosas que me enfocaban a que yo tenía que hacer canciones. Hago melodías desde niño, pero no sabía grabarlas, no sabía tocar instrumentos. Todo eso empecé a valorarlo y a apreciarlo cuando paré. Ahora, parar realmente es un deporte de riesgo porque todo el mundo te dice que estás loco. Por eso siempre digo que cuando tú tengas mucha seguridad en algo, y todo tu entorno diga que estás loco o dice que estás loco, es que vas bien. Porque además, si luego vas viendo la historia de otras personas que han conseguido una vida plena, al menos yo siento que la tengo, y que han conseguido vivir de su pasión, todos cuentan lo mismo, que les dijeron que estaban locos, que por ahí no. Esto es como en educación cuando te dan el círculo para la motricidad fina y te dicen que no te salgas del círculo, pues lo primero que hace una mente creativa es salirse del círculo, es lo primero que hace, porque el círculo es como un símbolo: «¿Ahí está el límite? No, no, yo quiero ver el horizonte que hay detrás de ese límite». Es muy curioso lo que significa un trastorno de ansiedad, el que yo padecí, que es muy común. Al final, la base de un trastorno de ansiedad es que te quedas sin aire, te ahogas, por eso la respiración se sube, está superior, y estás todo el día tenso, pero tú no lo sabes, vives ahí. Entonces, si no te da un yuyu, si no te da una crisis de ansiedad, no te pasa nada. Cuando la realidad es que estás viviendo con un tanto por ciento mucho más bajo del que podrías, porque al estar así no coges todo el oxígeno, no respiras, y eso no va a tu organismo y eso no va a tu potencial y eso se convierte en una cadena. Entonces, vivimos así pero no tenemos ansiedad. La ansiedad, probablemente, es tremendamente común, es algo que no necesita un diagnóstico a no ser que sea algo muy severo, es que está en nuestra sociedad porque nuestra sociedad es ansiosa. Pero ¿qué me pasó a mí? Pues que cuando lo descubrí se me fue a la voz, como os he dicho antes, lo que hice fue parar y, al parar, reconocí que yo no podía correr porque soy una persona más bien lenta. Eso no es un hándicap, es una característica. Hay personas rápidas, menos rápidas, más altas, más bajas; es una cualidad. De hecho, conseguí darle la vuelta y convertirlo en una virtud: los demás que corran, que yo voy a mi ritmo. Poco después, como os he dicho, trabajando mucho eso y dándome cuenta de que si corres hacia un lugar que no conoces o que no sabes adónde vas, tampoco tiene mucho valor ni mucho sentido; poco tiempo después qué casualidad: «He perdido sin quererlo los papeles que me diste antes de ayer», salió una melodía que cuenta eso: soy una tortuga, no me importa no correr mientras sea capaz de volar. Y eso, al final, acabó sonando en la radio y ya pues mi vida se transformó por completo. Nunca sabes dónde está ese detalle, pero sí que sabes que te mereces ese detalle, así que poténcialo, vívelo, y lo demás vendrá, tarde o temprano vendrá. Ahora, tienes que creer a ciegas, a pesar de que te digan todo el rato: «¿Adónde vas? Estás loco, no lo hagas, solo llegan los mejores». Tú sigue que al final sucederá.

“Para reconocer el talento potencial, es necesario que el individuo aprenda a escucharse a sí mismo”.

Carlos. Hola, Jorge. Me llamo Carlos y mi pregunta es, al hilo de lo que nos estás contando, a los jóvenes cada vez les cuesta más descubrir su potencial, nadie les orienta, están un poco perdidos en este tema, y quería que nos comentaras un poco qué peligro le ves a esta situación.

Jorge Ruiz. Tal y como yo lo viví, y creo que ahora sigue pasando igual, no ha cambiado demasiado, a pesar de que hay mucha más información; el principal peligro de que uno no pueda expresar su potencial es la incertidumbre. Si te fijas en la palabra, es la pérdida de lo cierto. A mí me gusta mucho buscar en la raíz de las palabras porque tiene mucha información. ¿Por qué es la pérdida de lo cierto? Porque tu referencia eres tú. Sabéis que el ser humano es el único animal que es capaz de vivir en ecosistemas que no son el suyo. La mayoría de animales cuando cambian de ecosistema mueren porque están preparados para vivir en ese ecosistema. Sin embargo, el hombre ha sido capaz de colonizar todos los ecosistemas que hay y también la pirámide ecológica. Claro, el problema es que cuando ya has colonizado todo, tú te tienes que ubicar en tu grupo social, y te ubicas con tu referencia y tu referencia eres tú. La información que tú ya llevas dentro viene de tu extirpe. Tú naces en un lugar determinado con una información determinada. Esa información es tu referencia, y esa referencia la mezclas con el entorno en el que estés para poder sobrevivir. Es bastante sencillo de entender, ¿no? Bueno, pues no. Lo primero que hace la escuela es despersonalizar eso. No lo digo juzgándolo, digo lo que sucede. Se produce un proceso de despersonalización y tú pierdes tu referencia. Y cuando tienes veintipocos años o quince, dieciséis, depende de la persona, pero hay un momento donde tú dices: «¿Pero dónde estoy, pero quién soy, pero adónde tengo que ir?», porque te han dado unas pautas supuestamente tendiendo a tu bien, porque se supone que es lo mejor para ti, pero que esas pautas en forma de programas educativos o recorridos educativos: ciencias, letras, aquí o allá; pero al final tú eres alguien, a lo mejor ese recorrido educativo no responde bien a una característica tuya que es vital, como por ejemplo en mi caso la escucha. Yo vivo de escuchar, como nadie me escuchaba, yo tampoco. Es un matiz, pero un matiz vital. Entonces, el peligro de todo esto es lo que sucede: que tenemos una sensación de incertidumbre salvaje, extendida, sistémica, y además, un miedo al futuro atroz. O sea, tú ya tienes miedo de lo que te pueda pasar cuando es muy probable que no te pase. En el libro hay una frase que me encontré, me la encontré, significa que no sé si viene de mí, pero yo me la encontré, no sé si me explico. Es muy bonito, descubrí una frase que tiene mucho sentido, que es que la mayoría de las cosas que te dan miedo no sucederán nunca. Esto es literal, y eso se produce por esa incertidumbre y por ese proceso de pérdida de tu valor, de tu identidad. Entonces, yo creo que es fundamental en esta sociedad del conocimiento tan centrada en descubrir nuevos mundos de conocimientos y nuevas áreas fantásticas… sí, sí, todo eso está muy bien, pero déjame que yo te cuente lo que vengo a decirte, porque no es justo que no pueda hacerlo. Y eso, al final, acaba en esa incertidumbre y en ese: «Voy a dedicarme a lo que pueda», o esa frase tan… no sé si la escucháis todavía vosotros, pero yo la escuchaba mucho: «Tienes que ganarte la vida», pero si la vida ya es mía. ¿Hay alguien de aquí que no tenga vida? Otro de los peligros aparte de esta incertidumbre sistémica que al final todos acabamos sintiendo, sabes que siempre se habla que cuando hay crisis hay una fuga de las mentes más brillantes, porque acaban yéndose a otros países cuando han sido educados aquí, porque aquí no tienen oportunidades… Eso está fantástico y está muy bien, pero nadie te dice de esta fuga de la que estamos hablando. Todos los que estáis aquí tenéis un talento potencial que puede manifestarse en cosas de mucho valor para la sociedad y sistemáticamente ignorado e inhibido, porque tú entiendes que lo más importante es la nota por encima de ti. Entonces, de esta fuga de talento masiva, y cuando digo masiva es literal, masiva, nadie habla. Bueno, sí, los maestros de primaria y de infantil, y luego más adelante también, ellos lo saben, pero tampoco a veces tienen la posibilidad de explotar eso. Y es muy curioso, porque eso sí que es un problema serio para un país, y un problema a tratar de verdad, no solo cambiando leyes educativas que maquillan cosas pero que no van a la raíz de esto, ¿no? Que es: ¿y estos niños? Todos los tratamos igual… Es que esa creatividad y ese talento son inhibidos sistemáticamente. Así que, yo creo que solo con esas dos cosas: la incertidumbre y esta fuga o inhibición del talento ya es como para que toda una sociedad se plante y diga: «Oye, ¿por qué no cambiamos esto para mejorarlo y para hacer nuestro país más rico en todos los sentidos?». La gente que tiene una vida más plena irradia más felicidad. ¿Conocéis a alguien que no quiera ser feliz? Tampoco.

Antonio. Hola, Jorge. Soy Antonio. Para subir a un escenario delante de miles de personas imagino que es muy necesario tener confianza en uno mismo. ¿Cómo podemos ayudar a los niños a desarrollar su confianza?

Jorge Ruiz. Pues este es otro tema central en la educación. Bueno, yo te puedo contar cómo volví a descubrir mi confianza. Volviendo un poco a la referencia del ser, a esa serie de cosas que vienen en ti, que te hacen sentir bien, que te emocionan y que provocan una emoción en el otro. Esto empieza muy desde pequeños, cuando el niño dice: «Papá, mira», o a la persona de referencia, al maestro, y dice: «Mira, mira». Y el maestro le dice: «¿Cómo has hecho eso?», y el niño relata ese hecho, crea su propia historia, relata su historia y la hace él, y tú estás solo allí viendo cómo lo hace y aprendiendo de esa historia. Ahí se forja la confianza, y ese diálogo no sucede por muchísimas razones. O sea, no quiero ser alarmista, sencillamente por el tipo de vida que hemos elegido y por el ritmo de vida que llevamos, muchas veces, no se da; y es muy difícil rescatar eso después. Se puede hacer, se puede hacer constantemente, de hecho hay muchos casos de historias que la persona vuelve a nacer reconstruyendo su confianza destruida por algún motivo. Yo, en mi caso, fue bestial. O sea, descubrir que era tan fuerte, mucho más fuerte de lo que yo había pensado siempre, y es una sensación que sigo teniendo a día de hoy. Yo, por ejemplo, cuando hago una canción casi no la enseño a nadie, solo la enseño cuando yo soy capaz de ver que eso va a funcionar. Por eso hago tan pocas canciones al año. Eso, muchas veces, en mi entorno es visto como una inseguridad. No, es al contrario, es una certeza absoluta de que mi trabajo, bueno, no existe la certeza absoluta; pero la sensación de que no me voy a equivocar con esto, me va a llevar a un lugar mejor. Entonces, ese diálogo tiene que estar en la escuela y en los padres. Muchas veces no se produce por un hecho muy sencillo, que es que la persona que educa, no el niño, sino la persona que educa no confía en sí misma, y el niño lo nota. «No puedes acompañar a nadie a un lugar que no conoces», es una frase maravillosa de María Montessori que es verdad. Yo te puedo explicar cómo es determinado lugar maravilloso porque lo he leído en una novela, y te lo puedo hilar muy fino y realmente hacerte ver que estás allí, y luego puedo sentirlo, haber estado allí, haberlo vivido. Entonces, si yo te digo: «Puntos básicos de la reestructuración de la confianza», y me leo todo lo que hay escrito sobre la confianza interior, pues sí, luego te puedo hacer un examen sobre eso, pero no tendré ni idea de lo que significa confiar en mí. Los maestros esto tienen que tenerlo superclaro y deberían… Yo, incluso, dedicaría todo un año a eso. Yo acabé Magisterio de audición y lenguaje después de Logopedia y ahí descubrí lo difícil que es ser maestro. Para mí es, de largo, la profesión más difícil del mundo, pero de largo. O sea, me parece mucho más fácil pilotar un avión, con todos mis respetos para los pilotos; o construir un puente supercomplejo, que una profesión donde todos los años se cambia la materia prima. Es una de las profesiones con más presión social que existen de largo, al menos en la cultura occidental, que es la que yo conozco; y que menos apoyo recibe. Yo cuando tengo un problema legal llamo a un abogado; cuando se me rompe el coche lo llevo al mecánico; cuando hablamos de educación hay que hablar con los maestros, no con los políticos, sin desdeñar a los políticos. Sé que hay gente superpreparada, pero la política es una cosa, pero la educación tiene que estar blindada. Porque, de hecho, en nuestro país, al menos, la política, aunque se han conseguido avances maravillosos en materia de educación, y estamos mucho más avanzados que hace unos años, esto no se trata, no se hace… ¿Confianza? ¿Qué es eso? Es un término abstracto, no se materializa. Mentira, la confianza se vive. De hecho, cuando quieres hacer algo para transmitir confianza a una audiencia llamas a un experto que conozca la confianza, luego sí se puede materializar. Entonces, creo que para restaurar la confianza en la educación hay que hablar con los maestros.

Esther. Hola, Jorge. Soy Esther. Ahora me gustaría preguntarte por tu papel como padre. ¿En qué ideas te inspiras para la educación de tus hijos?

Jorge Ruiz. Mi principal referencia, como os he dicho, es mi propia historia que es lo que mejor conozco. Mi historia tiene mucho que ver con un sueño que yo tuve muy recurrente de pequeño, que era que yo me veía en un escenario. Imaginaos el escenario, el público está aquí, pero el plano desde el que yo me veía era desde atrás. Yo no tenía el micro dirigiéndose a mí, sino dirigiéndose a la audiencia. Eso, con el tiempo, fui capaz de interpretarlo. Quería conciertos llenos de canciones para ser cantadas y donde yo no fuera el centro de atención. Esto para un cantante de pop es una cosa extrañísima. Pero a mí lo que me interesa es que el centro de atención esté en la canción, por eso digo que tengo vocación de escuchar y por eso me importa que la gente las cante, eso es lo que más me importa. Entonces, ese sueño ha sido mi referencia y el que me ha permitido vivir y seguir viviendo de la música y de las cosas que siento que hago bien. Entonces, lo que yo no puedo permitirme como padre es que mi hijo no sueñe libremente, porque en los sueños hay una información que puede llegar a ser muy valiosa. No lo sabemos con certeza, hay muchísimos estudios científicos relativos a los sueños, pero lo que yo sí que creo que sé o me llama mucho la atención es por qué alguien concreto, alguno de los que estáis aquí, por qué cualquiera sueña algo concreto. Lo sueña ahí esa persona y el de al lado sueña otra cosa. Yo creo que en esa información, en la información del sueño hay algo de mucho valor para ti. Solo por la posibilidad de que hay un tesoro ahí hay que escuchar esos sueños. Yo, incluso, haría un registro, porque al final de… Yo no recuerdo la edad en la que empecé a soñar eso, pero literalmente se ha convertido en realidad y sin darme cuenta. Luego, tal vez, podamos valorar que era importante. Igual que hacen registro de todas nuestras evaluaciones y controles que nos hacen durante todo el proceso educativo, por qué a final de año, por ejemplo, imagínate una conversación con alguien que registre…: «Ostras, pues he empezado a tener un sueño maravilloso en donde creo una especie nueva de árbol que permite crecer en regiones desérticas en determinados…», ¿sabes? Y el niño empieza por ahí y acaba no se sabe dónde. Pero luego imagínate que fuera a su libro de los sueños y, de repente, trazáramos líneas, patrones de información que muchas veces coinciden. Porque luego, cuando preguntas a los que hacen cursos de emprendedores o conferencias sobre el talento, todos hablan de sueños: «Yo soñaba…». Entonces, ¿por qué no se le da importancia? Entonces, primero que sueñe libremente, segundo lo que hablábamos antes de la confianza, preguntarle siempre: «¿Cómo has hecho eso? ¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has llegado hasta ahí?», y que pueda contar su historia, su relato a su forma, a su manera, y yo haciéndole preguntas que me alimenten a mí, me motiven a mí, como persona me hagan aprender y que a él le den un feedback de: alguien que me quiere me presta atención porque lo que estoy haciendo tiene valor. Eso es absolutamente esencial y eso se puede hacer siempre, en cualquier etapa de la vida. Y también hay una tercera cosa sobre la que llevo unos años trabajando y que al final ha cristalizado en mi último trabajo discográfico y en el libro, que es el lado emocional, lo que yo llamo «la bailarina» o «el lado femenino». Y es que toda esa información que el niño trae y que ha de sumergir en el medio exterior, con su entorno, con su familia, con sus amigos, en todos los ámbitos por los que vaya desarrollándose, luego eso hay que recogerlo y expresarlo. Es decir, recogerlo interiormente me refiero y canalizarlo de alguna manera. Yo he tenido la suerte de que todo ese lado emocional que estaba oculto en mí y que no era capaz de expresar de ninguna otra manera más que con la música yo lo hago. Entonces, digamos que mi lado femenino sale por ahí, mi lado emocional, pero puede manifestarse de infinidad de formas diferentes, no hay una. Pero, ahora, lo que no puede es no materializarse, porque si no, sale por otro lugar que se llama cuerpo, lo que llaman «somatizar». Pero salir, sale. En mi caso, como os he contado, salió por un trastorno de ansiedad, que la ansiedad es miedo. ¿De dónde viene el miedo? Entonces, para que eso no pueda no salir, los que estamos entorno al desarrollo del niño tenemos que permitir que, con sus canales y en su ritmo, esa información emocional, ese lado emocional, la bailarina salga, cuando proceda, cuando necesite, pero que salga. Para que luego, a su vez, pueda ver lo que en los demás supone esa expresión de emocionalidad, y él recoja esa información y pueda seguir adelante un poco más fuerte y más confiado. Pero curiosamente en la educación se ignora sistemáticamente el mundo de las emociones. También es sistémico. Todo el mundo sabe qué es vital, pero no se permite o no sucede, tampoco quiero buscar culpables porque no… tampoco creo que sirva para nada, pero no sucede ese diálogo emocional; ese recogimiento de todo lo que estoy sintiendo con lo que estoy haciendo en mi vida, cómo lo puedo expresar.

Carlos. Quería preguntarte qué te parece el modelo actual de educación y si pudieras cambiar algo, ¿qué sería?.

Jorge Ruiz. Hay una cosa que me llama mucho la atención. Es un sistema muy frío que permite muy poco la individualidad. Y si me apuras, y aunque sea un poco duro, aunque suene un poco duro, un poco gregario. Es como… me gusta poner un ejemplo, es como un ordenador central ¿no? El sistema educativo es un ordenador central y nosotros somos los discos duros. Nos enganchamos a ese ordenador y captamos ese contenido. Pero nosotros es como si no tuviéramos contenido que aportarle al sistema, al ordenador central o como si no tuviera valor. Entonces es muy gregario. Tú te enganchas, te llenan de contenido y te vas. Y yo lo que creo que debería ser y por seguir con un símil así muy tecnológico, es lo que pasa con un sistema asociativo de lo que es la red. Un buscador, por ejemplo. Un buscador es una caja vacía donde tú tienes un interés por algo, lo tecleas y lo buscas. Ese interés dice cosas de ti, ¿sí? El sistema se alimenta de tu interés, que es contenido, y crece contigo. La escuela debería ser igual, parecido. Con la emoción cerca y la ética, por su puesto. La ética y la emoción rigiendo todo ese universo, pero donde yo pueda hacer preguntas, mis preguntas signifiquen algo para el sistema y el sistema se motive generando mis preguntas. Eso es como una sociedad realmente se regenera. Para mí el elemento pleno de transformación de la sociedad es la educación. Hay otros elementos transformadores pero el que los completa todos o lo compendia todo, es la educación. Entonces un sistema que no permite el aprendizaje asociativo, así en conjunto o como idea, pues es un sistema que se auto limita a sí mismo. Y ya hay experiencias, muchísimas afortunadamente, y esto está cambiando porque los propios docentes se mueven para permitir eso, porque eso es muy fácil verlo sobre todo si alguna vez habéis estado en un aula de infantil, sabes que o entiendes de esto o estás muerto. Pero también lo entiende la empresa privada, por eso una de las empresas más valiosas que hay es un buscador que se alimenta de nuestras preguntas.

Carlos. Tu grupo, Maldita Nerea, tiene muchos seguidores entre los jóvenes, me gustaría que nos comentaras un poco qué has aprendido de ellos.

Jorge Ruiz. Realmente la audiencia es el espejo en el que me miro. Yo soy de los que piensan que si la historia que va en la canción no es verdad, no produce la vibración en el otro y por lo tanto no se crea una relación y esa canción pues, poco a poco, va siendo olvidada. Y nosotros, además, se produce un hecho que es extraño en la música pop y es que nosotros principalmente hablamos de filosofía. Y la filosofía es algo tan popular que ha sido prácticamente quitada de los programas educativos. Tenemos un cantante o un grupo que no le gusta salir en la tele y canta filosofía en la era del reggaetón. Es como… lo tenemos todo para triunfar. Pero, sin embargo, se han producido hechos maravillosos. Nuestro público es muy joven, por ejemplo, con Bailarina nos ha vuelto a bajar la media de edad. Eso es muy difícil que pase, es una suerte tremenda que nos ha pasado en este disco, y es porque seguimos conectando con una generación que no conoce lo que es vivir sin internet. Eso es magia. Eso es muy difícil que pase, y hablando de filosofía Bailarina también es una canción que habla de filosofía. Pero es que ya nos pasó con Mira dentro. Mira dentro fue el single del anterior álbum y habla literalmente de eso, de nuestra tradición grecorromana, una de las frases más conocidas, de los aforismos más conocidos es: «Conócete a ti mismo». Hablando de esa referencia, si tú te conoces y si tú sabes quién eres, las circunstancias cambiarán pero tú siempre sabes dónde estás. Pues eso es lo que dice Mira dentro. A mí me hace mucha gracia cuando hablan de «generación ni-ni», generación no sé qué, que no se preocupan por las cosas y tal. Pues yo he visto recintos enteros con decenas de miles de personas entre dieciséis y veinte años cantando Mira dentro, es decir, cantando filosofía. Que, además, no sé si sabéis lo que significa filosofía. Significa amor por la sabiduría. Los niños son sabios. Si los observáis, no hacen nada que no quieran hacer. La filosofía no es algo negociable, no es algo que sea accesorio, lo que pasa es que hay que contarla bien. Yo también la estudié y también la odié. Pero cuando te la cuentan de otra manera, es lo más grande y lo más antiguo. El saber hacerse preguntas sobre ti mismo. Así que la audiencia me ha enseñado que hablar de sabiduría tiene lugar en la música pop de mi país, que yo puedo hacerlo. Y luego, también me ha enseñado lo que es la gratitud, porque puedo hacerlo gracias a ellos. Luego, no puedo no escucharles y se vuelve a repetir el bucle. Cada generación trae una cosa diferente. Ahora, por ejemplo, estamos haciendo una acción nueva precisamente para entender bien el lenguaje que se utiliza ahora, que es mucho más directo, más conciso, más breve, pero que es también muy rico. Ahora, como nos pasamos la vida criticando a la generación siguiente: «No entienden nada, no saben nada», lo mismo de antes: no escucho, no miro, juzgo, controlo, examino, y el dedito así para ver qué hago yo. Entonces, la audiencia es lo más grande que me ha podido pasar y el espejo más maravilloso, laboralmente hablando, y del que más aprendo.

Alejandra. De todo lo que nos has contado acerca de la educación, ¿hay algo que apliquéis a vuestra música en Maldita Nerea?.

Jorge Ruiz. Pues mira, hay varias cosas. Hay una que es curiosa y tiene que ver con nuestra historia, con nuestro logo. Nuestro logo es una tortuga, y salió poco después de eso que os he contado antes del trastorno de ansiedad y la frustración por no encontrar nada por lo que me sintiera feliz, me llevó a parar, reconocer que era más lento y al reconocer que era más lento de lo que pensaba, poco después, qué casualidad, sale un título que se llama El secreto de las tortugas y alguien acaba haciendo una portada de una tortuga con un secreto dentro, con un óvalo. Todo o lo poco que sé de educación lo aplico constantemente y sin darme cuenta, de manera inconsciente, a las letras. Por ejemplo, hemos estado hablando todo el rato de escuchar a los niños para alimentarnos de las preguntas que tienen y de lo que tienen que aportar a la sociedad y así regenerarnos. Pues con las canciones pasa igual, pero si luego no son cantadas por el público, entiendo que no han conectado lo suficiente y son retiradas del repertorio. Las giras son muy largas, hacemos cientos de conciertos, estamos mucho tiempo fuera, pero yo cuando veo a muchas personas cantando la misma canción reinterpreto esa historia en sus ojos. Es un feedback maravilloso. De repente, me paro a pensar una frase que a lo mejor tiene diez años y digo: «Ostras, no había visto esta lectura hasta hoy que estoy en Cuenca», por decirte un ejemplo, y dices: «Qué maravilla, está viva la canción. No es mía, es nuestra», eso que os he dicho que en mi sueño desde atrás yo no estoy en el centro, sino la colectividad es el centro. Esa historia sigue reinterpretándose. Y luego, el atril. Yo estoy aquí porque soy el cantante de Maldita Nerea, si no, no estaría aquí y no podría hablaros de todo esto que os estoy diciendo. Que, al final, si os fijáis, el discurso es muy sencillo: valéis mucho más de lo que parece o de lo que os han contado que valéis, ya está, se acabó el discurso. Esto es milenario, no es nada nuevo ni estoy descubriendo América. Pero, al ser músico y tener ese atril maravilloso que la vida me ha dado, solo por eso, solo por esa capacidad para contártelo en forma de canciones, tú me escuchas. Entonces, yo me retroalimento de todo lo que vivo con mis canciones. Por ejemplo, ahora con Bailarina estoy volviendo a descubrir ese mundo interior mío de todo lo que tengo que expresar a través de las emociones. Lo he podido vivir porque ha nacido mi primera hija, yo siempre he vivido rodeado de mujeres, estudié dos carreras rodeado de mujeres y tengo muchas amigas, y mi público es también muy femenino, pero nunca me había parado a pensar en que mi hija es la primera mujer que conozco desde el principio. Este matiz que parece una tontería para mí es vital, porque voy a conocer todas las etapas que atraviesa una mujer. Pero, lo que trato de decir es que la mujer es la matriz. ¿Esto qué significa? No podemos ignorar lo que dice la matriz, y está pasando. El discurso es demasiado agresivo por la velocidad que hay en la sociedad, y la matriz es la pausa, la escucha, la creatividad, el sí, todo eso está en el lado femenino. Y eso me está transformando, me está transformando más de lo que ya venía transformado, pero me refiero que eso es importante contarlo, más allá de lo que es la confrontación de géneros. Yo no hablo de eso, hablo de que cada uno de nosotros tiene un lado femenino y un lado masculino. Ambos conviven y son complementarios y se expresan, al igual que lo hacen los niños, conforme a los intereses del individuo y al interés del medio. Lo que no puede es no salir la bailarina a bailar, y eso es lo que está pasando.

Leire. Tu grupo, Maldita Nerea, ha tenido mucho éxito tanto dentro de España como fuera, ¿qué has aprendido del éxito?

Jorge Ruiz. Bueno, el éxito es una palabra, como sabéis, muy relativa. Si me preguntan por el éxito de ser número uno y estar en boca de todo el mundo, eso es superefímero. De hecho, después de un número uno siempre hay otro, y otro, y otro… Es algo muy efímero. Lo he experimentado y está en mi capacidad volverlo a experimentar, pero no me interesa tanto, porque ya lo conozco. Lo que no puede ser es que yo no sea mi número uno, eso sí que no puede ser. El éxito, y no son palabras vacías, sino que con toda humildad están llenas de… conozco desde dónde te hablo. El éxito está en estar completo, en ser completo, en poder vivir de lo que eres. Me refiero… porque tiene que tener un sustento económico, porque vivimos en una sociedad que se sostiene con muchas cosas, pero una de ellas es el dinero, entonces, poder sostenerte ahí, poder contar cosas de valor a tus iguales, a los seres que te rodean, a tu familia, a tus amigos, en mi caso a tu audiencia; y poder alimentarte con lo que ellos te cuenten, y eso es el éxito. Si alguno de los que estáis aquí llega a despuntar como estoy seguro de que sucederá en algún área de conocimiento o artística o, no sé, el primero de la clasificación de su barrio de no sé qué, verá que eso se pasa y que lo que importa es lo otro, lo que no se mide, ni se cuenta, ni se pesa; eso es lo importante. Por seguir con aquello de lo que estamos hablando todo el tiempo, de la educación, hay una frase de una canción de Fito, que se llama… la canción se llama Antes de que cuente diez, y la frase es: «Lo que me llevará al final serán mis pasos, no el camino». La interpretación que yo le doy, habría que preguntar al autor, pero es que las circunstancias siempre o muchas veces son muy difíciles. No todos tenemos acceso a los bienes más básicos, no todos vivimos en familias perfectas, no todos vamos a colegios maravillosos… Siempre hay inconvenientes, pero el ser humano tiene la capacidad de interpretar todo ese entorno a su favor para vivir su libertad, por eso son mis pasos los que mandan. Es decir, y en mis pasos mando yo. Esta canción fue un éxito tremendo y lo sigue siendo, y cada vez que la oigo digo que tengo unas ganas tremendas de insultar al autor por haber escrito algo tan bello. Pero, además, no te voy a hablar de una canción, sino te voy a hablar de otra obra maravillosa muy conocida: es un libro que yo odie hasta el punto de decir: «Pero ¿por qué me obligan a leer esto?», y sin embargo, ahora que estoy iniciándome como escritor, me ha servido de maestro. El libro es El principito, pero me lo obligaron a leer en un momento donde yo no estaba, no puedes obligar a nadie a leer nada si no está. Pero hace poco, cuando tenía que escribir y tenía miedo porque nunca había escrito una novela, escuché una entrevista suya y una frase donde, al acabar, también tuve muchas ganas de insultar a ese señor, a Saint-Exupéry, el escritor del principito, y es que no hay que saber escribir, hay que saber mirar, y esto extrapólalo a cualquier disciplina o habilidad. La habilidad se adquiere con la práctica, pero saber mirar ya es más difícil. Entonces, eso me quitó todos los miedos y con toda la humildad, porque no sé si podré dedicarme a la escritura toda mi vida, ya estoy preparando mi segundo libro, pero lo que sí que sé es que sé escribir y es gracias a ese señor. Y sé escribir porque sé mirar, con toda la humildad. Y eso sí que es un mensaje que creo que, a lo mejor, os puede servir. No sé a qué os dedicaréis, pero si miráis con el corazón de verdad, sabréis hacia dónde tenéis que ir.

Juan. Yo quería preguntarte qué es lo más importante que te ha enseñado el mundo de la música.

Jorge Ruiz. Me ha enseñado todo lo que soy afortunadamente. Ya os he contado que aprendí a escuchar gracias a la música y gracias a la audiencia. Pero una de las cosas que también me ha enseñado es que con la música no se puede negociar. La música no es algo que elijamos para que esté o no en los programas educativos, porque ya está en nosotros antes de que lo sepamos. Siempre me remito a un título de uno de los discos de Alejandro Sanz que se llama La música no se toca porque me parece maravilloso. Es verdad, con la música no se negocia. Estábamos hablando de una forma de comunicación que permite que todos nos expresemos y nos conozcamos mejor y vivamos algo maravilloso. Por lo tanto, no es cuestionable que esté o no en los programas educativos, debería estar sí o sí. Y todo eso lo he podido aprender porque me dedico a esto, porque he visto la importancia que tenemos dentro de las sociedades modernas, y también de las antiguas, pero ahora es superevidente. Si tú te vas a las redes sociales, que han transformado nuestras culturas, aparte de las celebrities de cine y deportes y todo esto, que también tienen su valor porque nos cuentan cosas; pero la inmensa mayoría son músicos.

Luis. Hola, Jorge. ¿Crees que se valora lo suficiente el arte y la cultura en la educación?

Jorge Ruiz. No. Bueno, habría que matizar. Se le da mucha importancia pero la importancia se tiene que materializar con hechos. No vale con: «Estamos dedicando mucha inversión a la cultura», y la realidad es que no es así. Me refiero, cuando las humanidades han sido retiradas o relegadas a una parte muy minoritaria del programa educativo, es un hecho. Se está centrando todo en encontrar trabajo. Los estudiantes solo quieren encontrar trabajo y no crearlo. Si yo sé quién soy, creo cosas. Esas cosas pueden ser materiales o pueden ser más inmateriales. Una canción no se ve, pero tiene valor. Pues el creador necesita de las humanidades y del valor a la cultura para crear. El valor real, al final de todo esto… El discurso es: ¿le damos la importancia a la creación desde el primer momento? Y la respuesta categóricamente es no, no el que se merece. Creo que no entendemos demasiado si estamos todavía planteando si poner o no la filosofía, si la filosofía sirve para algo, si la historia del arte o la música… Hay una cosa demostrada en educación y es que para mejorar la atención de cualquier individuo, las artes en general son tremendamente útiles. Solo por ese hecho, por el hecho de mejorar los procesos de atención, ya me interesa estudiar arte o historia de la cultura… porque es nuestra historia. No se negocia con la música, no se negocia con el arte, no se negocia con las artes plásticas o escénicas, no se negocia con la filosofía. No se negocia con las humanidades, tienen que estar sí o sí.

Rodrigo. Hola, Jorge.

Jorge Ruiz. Hola.

Rodrigo. Me llamo Rodrigo y quería preguntarte sobre tu grupo, Maldita Nerea. ¿Por qué ese nombre? ¿Quién es Nerea?

Jorge Ruiz. Es una pregunta que no me han hecho nunca y voy a desvelarla hoy por primera vez. No. Mira, Nerea es un nombre que me gustaba mucho. No conocía a nadie que se llamara así, ni tengo ninguna exnovia, ni nadie a quien le deba dinero que se llame así. Y se lo puse a la música. Nerea es como si fuera la música, y maldita porque es una pasión de la que tú no te puedes desprender aunque quieras, porque no te puedes desprender de quien eres. ¿Eso qué significa? Que si yo tengo mucho sueño un día y son las tres de la mañana porque he llegado de no sé dónde a no sé cuándo y me acuesto y se me ocurre una melodía, esa melodía puede cambiarme la vida otra vez. Yo siempre digo que estás a cuatro minutos, que es lo que dura una canción de pop, que estás a cuatro minutos de que tu vida vuelva a cambiar otra vez. Por lo tanto, levántate, gandul, y graba esa melodía. Nerea, la música; Maldita porque tengo que vivir con esto esté donde esté. Me han pasado anécdotas muy curiosas… Entró una chica una vez a un camerino que decía que conocía a Nerea, que era mi exnovia y que había pasado mucho tiempo con ella, yo la dejé hablar mucho tiempo… Y, luego, además, se ha producido un hecho muy curioso, pasa el tiempo, pasan los años, yo tengo una hija y de todos los nombres del universo elegimos llamarla Mía. Mi hija pequeña, la bailarina, se llama Mía. El significado de Nerea es mío o mía, y yo no lo sabía. Vaya, qué curioso, que la historia te vuelva a encontrar aunque tú no lo sepas.

Ángela. Hola, Jorge. Soy Ángela y yo quería preguntarte que aparte de todo lo que has dicho en que te inspiras: valores, educación… si hay alguna persona especial, familiar, amigo, alguna exnovia, en la que te hayas inspirado para alguna canción.

Jorge Ruiz. Todo son personas especiales, porque yo creo que todas las canciones son autobiográficas, aunque tú seas el observador de la historia, no seas el personaje, pero sí el observador. Ya, como observador, intervienes en la historia. Luego, todas las canciones son autobiográficas. Pero sí que es cierto que la persona que más me ha inspirado y a la que más admiro de largo, y mira que he conseguido conocer a grandes maestros y maestras que me han inspirado muchísimo, pero la persona que más me ha inspirado siempre ha sido mi chica, porque con ella entendí lo que era una mujer, de verdad, lo que era la matriz, lo que era la maternidad, lo que era la feminidad, lo que era la creación de la vida… Todas estas cosas que son así conceptos sin importancia, ¿sabes? Pues lo conocí a través de ella, solo observándola. Y cuando hablábamos antes de confianza, yo soy muy respetuoso con la forma de vivir de cada uno, pero yo necesito confiar en alguien al cien por cien, no a un tanto por ciento concreto por muy alto que sea. ¿Y sabes qué creo que he observado? Que cuando tú le das el cien por cien a alguien, te devuelven el cien por cien, no hay matices ni aristas… Entonces, literalmente, esta persona lo que me ha enseñado, aparte de darme a mi familia, es a amar por encima de todo, a amar lo que hago. No puedes no amar lo que haces, porque estás perdiendo parte de tu talento. Y todo eso lo he aprendido con ella. Aunque sí que te cuento una anécdota curiosa en el último disco. Estaba trabajando en la composición de las canciones y, de repente, alguien me hace así en el hombro, así por detrás. Y me viene mi hijo Bruno, el segundo, y me dice: «¿Por qué todos tienen canciones menos yo?». Y claro, tenía razón. Todos los miembros de mi familia tienen canciones aunque vosotros no lo sepáis, y él no. Entonces, hay otra historia dentro de esa historia, y es que Bruno y yo nos parecemos mucho. Fíjate qué te digo que no te digo que él se parece a mí, porque eso estaría limitando su historia y condicionándola, te digo que nos parecemos mucho. Entonces, claro, escribir esa canción suponía coger el dedito y escribir sobre mí, literal. Entonces, esa canción que se llama Calcetines, que es como yo le llamo a él porque siempre va en pelota picada y en calcetines; yo no hago eso, yo no; al tiempo me di cuenta, cuando la vi cantada por la gente, que estaba hablando de mí, de parte de mí y que me costaba. Me gusta más hablar de los otros porque me siento más cómodo, aunque me desnudo con las canciones. Esa historia es muy bonita porque, al final, ese niño me inspiró, mi segundo hijo me inspiró para hablar sobre mí en un momento en el que no me apetecía hacerlo y al final he aprendido mucho con esa canción.

Jorge Ruiz. Bueno, antes de finalizar, me gustaría contaros un poquito más claramente lo que hacemos en la Fundación Promete, de la que soy embajador, talento y patrono desde hace ya unos años, y la he vivido como representante de la fundación, pero también la vivo actualmente como padre porque mi hijo mayor, que acude al campus… Y os voy a explicar muy rápidamente lo que hacemos ahí. El modelo educativo que nosotros presentamos es muy sencillo de entender y se llama La educación del ser. La educación del ser tiene cuatro ejes básicos. El ser creativo, la idea, la idea que nace de manera única y exclusiva y maravillosa de cada uno de los niños que vienen a la fundación, del ser. El ser emprendedor, cómo esa idea se construye en un mundo real, viene de aquí a una realidad física. El ser social, tercer eje. Cómo se cuenta esa idea a la comunidad, porque si no, no tiene tanto valor, si no la puedo compartir. El ser social, y por último el ser interior. Todo ese recorrido tiene una expresión emocional que yo tengo que ser capaz de transmitir, porque en ese viaje se producen muchísimas circunstancias que me llevan a culminarlo de una u otra manera. Entonces, ser creativo, ser emprendedor, ser social, ser interior. Sobre esos cuatro ejes se construye una vida. El método que utilizamos lo he contado todo este tiempo: es la mayéutica. ¿Qué es la mayéutica? El método socrático. ¿Qué es el método socrático? Preguntarle siempre al otro para que pueda darme su contenido. Le das tanto valor al contenido de la persona como a tu pregunta, y ambas van juntas hacia el final del camino. Pero, como decía la canción de Fito, a través de los pasos, de tus pasos es como yo me alimento. El camino es importante, pero es más importante cómo lo andas. Llevamos ya varios años trabajando, vamos creciendo poco a poco, pero de una manera muy firme, porque nos encontramos con retos únicos cada año, en cada niño. Os aseguro que no todos los niños tienen claro desde el primer momento qué quieren hacer, pero aun así se manifiesta a través de un proyecto personal, se le pregunta qué quiere hacer y emite un proyecto que puede ser un videoclip, hacer magdalenas y una fábrica de galletas, de cookies o crear una poesía o un guion de cine o un robot… Cualquier cosa tiene que ser posible hacerla. Y en ese camino, el niño se equivocará, llorará, acertará… y todo ese camino tiene derecho a vivirlo, a sentirlo y a que la comunidad lo vea. ¿Sabéis qué pasa? Que en solo cinco días que dura el campus, aunque ya lo estamos implantando en colegios de todo tipo y de cualquier estrato social, en esos cinco o seis días que dura el campus, la persona sufre tal nivel de transformación que es otra. Mejor dicho, vuelve a ser ella y empieza a conocerse, y todo su entorno vive esa transformación con una pasión desmesurada. Es decir: «Pero ¿qué habéis hecho con mi hijo?», y la respuesta que nosotros hacemos es: «Preguntarle, solo le hemos preguntado qué quería hacer y le hemos acompañado dónde se dirigía». Solo con eso tu vida se transformará. Os invito a que la hagáis con vosotros mismos desde que salgamos por esa puerta. Muchas gracias.


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