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La asertividad o el arte de expresar lo que siento sin agredir ni ser agredido

OPINIÓN • 29/05/2015

Resulta sorprendente cuánto nos puede costar expresar con claridad nuestras opiniones, emociones o sentimientos, sin agresividad ni pasividad, simplemente diciendo de forma clara lo que queremos, respetando los derechos del otro y teniendo en cuenta la propia dignidad. Ni más ni menos que ejercitando la asertividad. Pues cuesta y mucho. Recientemente impartí un curso de Resiliencia (otro tema interesante que abordaremos próximamente), y al abordar con cada uno de los participantes (mandos medios de una importante consultora) las expectativas y deseos para el curso, todos ellos, repito, todos, sin excepción manifestaron su anhelo de adquirir por fin la pericia suficiente para poder expresar sus sentimientos de forma correcta, sin herir al otro.



La buena noticia que pude compartir con ellos entonces y con vosotros ahora es que la asertividad se entrena, se aprende y se mejora. Hay técnicas y herramientas que nos permiten mejorar su ejercicio y adquirir mayor seguridad y destreza en su manifestación.

Porque la asertividad no es más que la expresión del equilibrio, de la justa medida, la mesura, la armonía, la sensatez que tantas veces es necesaria alcanzar en la vida y sin embargo sabemos que bordeamos tozudamente alcanzando la desproporción o la imparcialidad que sólo generan injusticia o insensatez. El aplomo y la tranquilidad que nos dan encontrar el camino de la virtud, de saber expresar desde el respeto y la educación aquello que sentimos, es un infinito placer.

La asertividad se entrena, se aprende y se mejora

Pero lo cierto es que nos topamos ante el aprieto de pedirle a nuestra mejor amiga el ticket de compra de un costoso regalo de cumpleaños que nos ha hecho. ¿por qué pasas un momento horroroso sólo pensando esa posibilidad? Te hacía una enorme ilusión una cazadora de cuero negro y tu amiga del alma, te compró una maravillosa cazadora…. de un horrible e indescriptible color berenjena que no le favorece ni al abominable hombre de las nieves! Visualizas la situación y te ves a ti misma en un brete, si se lo pides, y llamándote estúpida si no lo haces. La asertividad es esa técnica que te ayudará a pedirle, sin herirla, y agradeciendo lo mucho que te ha gustado el regalo, ese ticket para cambiar el color por el negro que tanta ilusión te hace. Si lo haces con las palabras adecuadas, desde un profundo respeto y educación el otro no se sentirá atacado y tu dignidad estará a salvo. Además de evitar colgar en tu armario otra prenda inservible.



Una adecuada dosis de asertividad nos ayuda en la vida a establecer relaciones más sanascon los demás desde una comunicación más abierta y fluida. En los dos extremos se encuentran la pasividad y la agresividad. Igual de dañina una que la otra. La agresiva le hubiera lanzado un improperio a su amiga y a continuación la cazadora a la cabeza mientras gritaba a los cuatro vientos el conocido mal estilo y gusto de su amiga.

La pasiva se hubiera encogido de hombros musitando un apenas audible “gracias” mientras guardaba el regalo refunfuñando para sus adentros “yo quería un bolso”. Igual de funesta que la anterior aunque las formas externamente puedan parecer algo mejores. Pero es una situación perversa. Las personas agresivas suelen mantener a raya a los que les rodean, mientras que los pasivos tienen más gente alrededor. Pero no nos engañemos, los pasivos van llenando su mochila de resentimiento y hostilidad, con las pequeñas cosas del día a día y tampoco establecen relaciones sanas.

Por eso conviene practicar la asertividad aunque cueste, y decirle a su jefe qué le ha parecido mal de la reunión, con argumentos y educación; y decirle a su suegra que este año no toca cenar con ella en Nochebuena desde el cariño y el respeto; y decirle a su amigo que… pero empiece poco a poco. Como cualquier cambio de comportamiento hay que abordarlo en pequeñas dosis. Y cuando logre pequeños triunfos, hay que premiarse y celebrarlo. Con cariño y asertividad. Tal vez sea ese el momento de invitar a su amiga, sí, sí, la del cumpleaños a tomar una cerveza, para que vea lo bien que le queda la cazadora negra…


May Ferreira, Executive Manager of R&H Talento y Personas



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