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La creación literaria a través de los sentidos

OTRAS PUBLICACIONES • 19/05/2016

Recogemos nuevamente en esta sección de la revista, dedicada a los trabajos que hacemos en nuestro colegio, textos redactados por alumnos, en esta ocasión de cuatro alumnas de 1º ESO y de tres estudiantes de 4º de Secundaria, que realizaron en clase con el fin de responder a la propuesta que les hizo su profesora de Literatura, Lydia Ortega, para que escribiesen lo que les viniera al pensamiento al escuchar un sonido, degustar un sabor, tocar u oler algo o ver imágenes, en un ejercicio a través del que descubrieron el poder evocador de los sentidos en la Literatura. A la vez, hemos subido a la Galería ubicada al pie de esta página algunas de las fotos a partir de las cuales trabajaron, casi todas mundialmente conocidas y, pese a ello, muy impactantes cada vez que se las visualiza. Por otra parte, dos de las redacciones, las tituladas 'El piano' y 'La trinchera', están acompañadas de las fotos que las han inspirado.


Senses (View)

Mi mirada desciende cientos de kilómetros. Y el ritmo de mis latidos aumenta, cada vez más rápido. Y de pronto pensamientos de todo tipo invaden mi mente, llamadas inexistentes, sueños que brotan del caos… Cierro los ojos y al abrirlos todo es distinto. Me cuesta respirar y el humo de los cigarrillos procedentes de las bocas que me rodeaban empeoraban mi estado hasta acabar jadeando. Parece que todo da vueltas. Y me doy cuenta de que con un pequeño impulso podría olvidarme de todo, dejando mis palabras en tan solo un eco melancólico. He descubierto el miedo y eso es lo que más me asusta. Pero es miedo a caer o a haber querido hacerlo dejando mi vida en una memoria que ni yo podría recordar.


Autora: Alejandra Abejón, alumna de 1º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga



La Bombilla (Tacto)

La inventó Thomas Alba Edison hace más de 150 años. Sin embargo, hoy en día sigue iluminándonos el mundo, a pesar de haber cambiado mucho en su corta historia.

Desde una varilla metálica que se calentaba y emitía luz, hasta sistemas tan complejos que el propio Edison no hubiese pensado jamás. Desde una pera, como decían nuestros abuelos, hasta puntos de luz que, una vez apagados, no puedes localizar. Porque, ¿qué lugar en el mundo no tiene algo que lo ilumine? Llámese fluorescente, halógeno o LED; llámese bombilla, foco o punto lumínico, ¿qué más da? ¿De verdad hay tanta diferencia entre ellos? Todos tienen el mismo origen, esa luz que, a diferencia de las velas y las antorchas, no se consumía, lo que la convertía y la convierte en uno de los grandes avances de la humanidad. Piénsalo. Si yo ahora apagara la luz de la habitación donde estás leyendo este artículo habría temor, misterio, agobio… (Sé que, aunque ahora no lo quieras admitir, estarás pensando: ¡Qué pesado este niño con la bombillita!; ¡No voy a apagar la luz porque es de día / me quedo a oscuras, así que por favor cállate y termina de una vez!).

Tranquilo/a que ya concluyo: imagina la sensación que te he descrito cada vez que el Sol se ponía y un manto de oscuridad, solo débilmente iluminado por la Luna y las estrellas, caía a plomo sobre toda la Tierra.

Canela (olfato)

El lunes a las nueve de la mañana olí algo extraordinario. A pesar de que a esas horas uno todavía no es persona y sus sentidos están todavía cerrados, un olor dulce y profundo me abrió las fosas nasales y activó el nervio nasal que llevó al cerebro una sensación de felicidad. Y recuerdo. Pues aquel olor dulce, pero salado y suave, pero apreciable, me trajo a la memoria numerosos recuerdos de mi niñez, aquellos que ya pensaba que había olvidado. ¡Qué momentos más felices! Mi primer día de colegio y, sobre todo, el momento en el que, con solo tres años, estaba en la escuela aprendiendo lo básico sobre pastelería. Y olisqueando disimuladamente el frasquito de canela. De verdad, ¡qué ricas estaban aquellas magdalenas!  Aquí finalizo mi redacción, fascinado con esta experiencia sensorial y feliz de resucitar recuerdos olvidados.


Autor: Pablo Real Baeza, alumno de 4º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga


Mis Recuerdos

Me recuerda a los veranos que pasaba en Murcia, en Mazarrón, exactamente en el hotel Bahía, cuando iba con mis abuelos y nos rencontrábamos con toda la familia de mi padre. Cuando echaba carreras con mi abuelo o jugábamos a ver quién saltaba más olas. Esas carreras, ese viejo y acogedor hotel, esa familia que solo veía una vez cada mucho tiempo. Por desgracia solo quedan recuerdos, ya no somos unos niños, no saltamos olas, del hotel lo único que quedan son las escaleras en las que nos sentábamos y nos tomábamos un helado. Aunque tendría que agradecer esos recuerdos por poder seguir recordándolos.

La Música

La música y la guerra a la vez ¿cómo es posible?, cómo pueden estar juntas estas dos contradicciones, la belleza y la armonía con la destrucción y la maldad. Por otra parte tiene sentido, en los momentos de guerra y de lucha se necesita esperanza, y la gente se apoya en la música, en la melodía, en ese piano; en cualquier cosa que no sea pensar en la muerte, el hambre y la pena, esa gente que sufre, que sufrió, necesita y necesitaba un apoyo, esperanza, música.


Autora: Ana García, alumna de 4º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga



El piano (Sentido de la vista)

Era un pobre señor, tenía mucho dinero pero eso a él no le importaba, ya que lo único que quería era estar con su hija.

Un día ella tenía mucha fiebre y se encontraba bastante mal, fueron al médico y allí le dieron la noticia de que su hija padecía una enfermedad para cuya cura todavía no había ningún medicamento. Le dijeron que le quedaban dos días de vida.

A la niña le encantaba tocar el piano e ir al bosque con su padre. En esos dos días la niña le enseñó a tocar su canción favorita con el piano y también fueron a comer al bosque e hicieron un picnic. La niña murió y su padre lloraba y lloraba. Días más tarde el padre llevó el piano al bosque donde solía estar con ella. Entonces, cuando se acordaba de su hija, iba al bosque y tocaba la canción que ella le enseñó.


Autora: Oihana Crespo, alumna de 1º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga


La IV Guerra Mundial (Sentido del oído)

Era un día como otro cualquiera. Los soldados y yo salimos a patrullar como siempre. Ya después de La IV Guerra Mundial el mundo quedó en escombro y a los pocos que sobrevivimos  nos obligaron a ser soldados de patrulla para buscar supervivientes heridos. Nos habían prohibido el contacto con cualquier  forma de creatividad, música, arte o cultura, solo armas y tecnología.

Hoy solo éramos siete porque dos estaban enfermos.

Tras los escombros de una vieja escuela de música, escuché unos débiles sonidos. Me acerque y observé un bellísimo piano de madera en casi perfecto estado, bañado por una capa de polvo y soledad. Hacía meses que no veía uno, me acerqué y lo contemplé con asombro.

Comencé a tocar una melodía y los demás soldados, conmocionados, escucharon sumisos la relajante sinfonía que toqué en memoria de las víctimas de la IV Guerra Mundial.


Autora: Ana Ruiz-Huidobro Sarnago, alumna de 1º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga



La trinchera (Sight)

Desde aquí arriba se puede ver con claridad a esos niños que tendrán, como mucho, 11 años. Podemos ver en sus caras el miedo que sienten y la razón… bueno, esa es una buena pregunta. Estamos en mitad de la guerra civil española y estos pobres, tras oír los disparos y las bombas, han huido y, por mala suerte, han ido a parar a un escondite del bando contrario. Les miramos durante minutos, algunos ya han empezado a llorar, otros han empezado a suplicar que les dejemos marchar, otros ni siquiera miran ya. ¿Qué hacemos? Al fin y al cabo solo son niños indefensos que no tienen la culpa de esta situación. Habrá que pensarlo. Mientras tanto, ellos siguen igual de quietos, con miedo en la mirada y, simplemente, siendo niños.


Autora: Isabel Sánchez Hevia-Aza, alumna de 4º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga


Sonidos naturales

El roce del agua con las hojas y rocas del suelo del río, el sonido que producen los animales, ese sonido, como cuando era pequeña, la única forma de dormirme era escucharlo, me trasmitía tranquilidad, y me imaginaba enormes cascadas por las que discurría agua produciendo fuertes ruidos.

Recuerdo que siempre me dormía tranquila, con el magnífico pensamiento de que me encontraba en un entorno agradable, seguro y acogedor, donde reinaba la paz, tumbada en la fría y verde hierba.

Mi madre me ponía ese hermoso y a la vez tranquilizante sonido, de cascada, aves, y así conseguía dormirme, la verdad no se por qué, solo recuerdo que era la única forma de dormirme.

Fría noche en el campo

Un día, en el campo, a medida que iba anocheciendo los grillos salieron de sus madrigueras para comenzar con su hermoso canto. A lo lejos se pudieron distinguir las blancas y grandes masas de tierra, las montañas, el viento soplaba, fuertemente, atemorizando a todos los animales.

Esa noche en el campo, en la que tú y yo decidimos observar las brillantes estrellas, darles sus propios nombres, cuando de repente, a lo lejos, en las cumbres de las montañas, repletas de nieve, una ráfaga de viento, fuerte y fría, acabó con el hermoso cántico de los grillos, todo esto acompañado de una tormenta.

Lo que comenzó siendo la mejor noche en el campo, acabó siendo una noche muy fría y mala.


Autora: Belén Ulecia, alumna de 1º ESO del Colegio Privado San Luis Gonzaga




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