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CAMPUS - Bachillerato

Así se prepara para la Universidad la élite de Silicon Valley

Nos colamos en Menlo School, uno de los exclusivos institutos donde se forman los hijos de los empleados de Google y Facebook

Alumno de Menlo School - Foto: Menlo School
Alumno de Menlo School - Foto: Menlo School

Alumno de Menlo School - Foto: Menlo School

REVISTA DE PRENSA • 29/06/2016

Son hijos de algunos de los cocos del planeta, ingenieros que ganan cientos de miles de dólares al año en empresas de Silicon Valley como Google, Facebook, Apple u Oracle. Son élite, y quieren que sus hijos también lo sean, cueste lo que cueste. No es de extrañar, por tanto, que en los alrededores de estas compañías existan centros educativos como Menlo School, uno de los más prestigiosos de la zona.

CAMPUS ha tenido la oportunidad de visitar sus instalaciones y entrevistar a algunos de sus responsables para conocer por qué centros como éste son el trampolín perfecto para encarmarse a alguna de las mejores universidades del planeta. No es casualidad que en la web oficial se pueda ver un escrupuloso desglose de dónde acabaron los expedientes académicos que se cocinaron en Menlo entre 2012 y 2014: 36 en Berkeley, 29 en Stanford, 9 en Columbia, 6 en el MIT, 5 en Harvard...

En educación, más dinero no tiene por qué significar obligatoriamente mejores resultados. Un profesor brillante puede hacer maravillas con sólo un rotulador, una pizarra y un grupo de alumnos motivados. Pero el dinero ayuda, y en Menlo School lo tienen. Mucho.

Y no es una excepción en la zona. Si la inversión media por estudiante y año en los EEUU es de 13.000 dólares, en los alrededores de Palo Alto (el municipio en el que está radicada la Universidad de Stanford y en torno al que gira el ecosistema de Silicon Valley) alcanza los 23.0000 dólares. En Menlo School, concretamente, un curso de clases cuesta 40.000 dólares al año (36.000 euros).

Un 20% de los alumnos, becados

Por si fuera poco, muchos de los agradecidos padres y ex alumnos no dudan en hacer donaciones millonarias. Con ellas se financian sus asombrosas instalaciones, su amplia oferta deportiva y, sobre todo, un programa de becas para alumnos con talento con el que cuentan desde 2007 y que este curso entregó 5,5 millones de dólares (4,5 millones de euros) a alumnos de entornos socioeconómicos menos favorecidos. Uno de cada cinco.

"En el pasado éramos muy selectivos, pero ahora estamos intentando fomentar la diversidad, queremos niños que quieran aprender y a los que les guste el deporte", explica David Spence, director tecnológico de Menlo School, quien reconoce que, en todo caso, el nivel de sus alumnos "es muy alto".

No faltan datos que refuercen la privilegiada formación que reciben los matriculados en el centro, que van desde los 12 a los 18 años: el ratio de alumnos por profesor es de 10 a 1, aunque las clases en upper school (los tres años previos a la Universidad) tienen sólo 15 alumnos de media; el 100% de ellos participa en actividades extraescolares como arte gráfico, orquesta, cinematografía, música de cámara... y un 80% practica al menos alguno de los 21 deportes que se ofrecen por las tardes.

Total, que si van a ponerse a comparar con el colegio de sus hijos, tómenselo con calma y no se hagan mucho daño.

Whitaker Lab: la joya de la corona

Spence nos muestra las instalaciones del centro, similares a las que se pueden ver en cualquier película americana, pero que en España bien podrían alojar una universidad: praderas verdes y extensas, zonas de servicio cuidadas al detalle, imponentes edificios blancos adornados con balaustradas, columnas y capiteles... Y la joya de la corona: un laboratorio de ingeniería que cuenta con una fortuna en herramientas, desde una cortadora láser a una impresora 3D y varias decenas de puestos de trabajo.

James Dann, director del Departamento de Ciencia Aplicada e Ingeniería de Menlo School, ha construido en torno a este Arthur Allen Whitaker Lab un nuevo modelo de formación que rompe con los ritmos, los espacios y los paradigmas de la formación tradicional.

"Si les das una clase sobre transistores cuando tienen uno en la mano todo es mucho más fácil", explica Dann, que fue investigador del Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN, en sus siglas en francés) durante cuatro años antes de dedicarse a la docencia. Y no es el único en Menlo, donde un 72% de los docentes cuenta con un máster o el título de doctor. Cobran entre 55.000 y 120.000 dólares al año (entre 49.000 y 108.000 euros) y, aun así, Menlo tiene dificultades para reclutarlos. "La zona es muy cara y tenemos que ofrecerles salarios competitivos. De hecho, hemos comprado un edificio para que vivan en él", argumenta Spence.

Fomentar la curiosidad

Según Dann, "los estudiantes están más capacitados para el aprendizaje cuando son curiosos, así que nosotros les enseñamos a poner en marcha proyectos y que en los sucesivos fallos y fracasos se vaya despertando la curiosidad". Spence y él muestran orgullosos los resultados de ese trabajo, que se acumulan por los pasillos del laboratorio: un barco capaz de desplazarse gracias a unos cilindros que giran con las turbulencias del aire en vez de con velas, una pecera que se mueve cuando los peces atraviesan sensores láser, una motocicleta montada sobre una estructura circular que hace de rueda al abrir gas...

Puro juego, pura locura, pero también un cúmulo de desafíos en torno a los que se estructura el aprendizaje. "Las clases de estas materias no pueden ser de solo 50 minutos, porque apenas daría tiempo a empezar a trabajar, y hay una persona encargada del taller de lunes a sábado por si los alumnos quieren venir a avanzar en su proyecto en cualquier momento", explica Spence.

Protocolo antisuicidios

Un solo proyecto hilvana todos los desafíos del semestre, de forma que "apenas se les ponen deberes un par de veces por semana", apunta Dann. ¿Y qué ocurre si los objetivos resultan ser demasiado ambiciosos incluso para esos jóvenes portentos de la ciencia? ¿Qué pasa si fracasan? "Para nosotros está bien fracasar, no ser capaz de sacarlo adelante, pero a veces a nuestros alumnos les cuesta soportar esa frustración, les hace polvo. Para eso estamos nosotros", responde David Spence.

De hecho, tal es la presión que se autoimponen los jóvenes alumnos a estos niveles que en los últimos años se han multiplicado los casos de suicidio en los institutos de Silicon Valley.

Eso explica que centros como Menlo tengan todo tipo de protocolos anti suicidio. "Hemos creado un programa de liderazgo entre los estudiantes para que puedan hablar entre ellos de temas que nos preocupan, como la salud mental", expone el propio Spence.

Gestionar el aprendizaje en vez de enseñar

De origen neozelandés, el responsable de la innovación educativa del centro los últimos ocho años relata, frente a una de las muchas pizarras electrónicas del lugar, uno de sus logros. Nos habla de Haiku, un repositorio de recursos y ejercicios online que se ha convertido en algo esencial para Menlo. "El profesor tiene que quitarse del medio en el proceso de aprendizaje, porque webs como Haiku ofrecen a los alumnos todo lo que necesitan saber", subraya Spence, quien reconoce que ahora ya no se dedica a enseñar, "sino a gestionar el aprendizaje de los alumnos". Y añade: "Si estás en el medio, pueden culparte de su fracaso, pero si estás a un lado, ellos tienen que hacerse responsables de su formación".

Fomentar la autonomía de los alumnos es uno de los empeños de este instituto californiano. Eso sí, en relación con uno de los debates educativos que se están desarrollando en España, Spence cree que los alumnos «no deberían dedicar diariamente al estudio más de media hora por asignatura».

Cada día, Haiku le entrega un pormenorizado informe con los resultados obtenidos por cada uno de sus alumnos en cada ejercicio, la duración de cada conexión, las partes en las que se han atascado más... Y, así, actúa en consecuencia. "Si unos niños requieren más tiempo que otros, ¿por qué obligarles a trabajar en unos horarios constreñidos e idénticos para todos?", concluye.


Autor: Juanjo Becerra (Atherton, California), publicado por elmundo.es el 31/05/206



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