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Propuesta para alcanzar un pacto educativo

Marina ofrece a los partidos eliminar las cuotas de la escuela concertada

El filósofo y pedagogo envía a los políticos una propuesta para llegar a un acuerdo que incluye flexibilizar las contrataciones de la pública.

REVISTA DE PRENSA • 08/09/2016

La educación en España es una cuerda a punto de romperse de la que la tiran a la vez la izquierda y la derecha generando enfrentamientos irreconciliables con posturas contrapuestas. La equidad choca contra la excelencia, la laicidad contra la religiosidad, lo público contra lo privado, lo autonómico contra lo centralizado... Y así no hay forma de entenderse. El filósofo y educador José Antonio Marina cree que esa cuerda puede aflojarse en ciertos puntos y que se puede ceder sin que haya que renunciar a unos principios.

Por eso se puso a estudiar acuerdos de otros países, intentos de consenso fallidos y todos esos asuntos conflictivos -lo que él llama «tensiones no resueltas»- que hasta ahora han impedido un Pacto de Estado por la Educación. De todo ello ha sacado un documento, Papeles para un pacto educativo, con 13 ideas en 134 páginas que, según cuenta a EL MUNDO, ha enviado a los partidos políticos para «facilitar y acelerar» el acercamiento entre ellos y «desbloquear la situación». Éstas son sus soluciones a las cuestiones más espinosas de la educación española, propuestas que ofrece como bases para alcanzar el pacto:

Los conciertos

Marina propone que los centros concertados sólo puedan estar gestionados por entidades sin ánimo de lucro y que sean «absolutamente gratuitos». Lo que plantea, por tanto, es quitar la cuota voluntaria que se cobra a las familias y que en algunos casos se convierte en obligatoria, restringiendo el acceso de muchas familias a este tipo de educación.

«La ley dice que la enseñanza debe ser gratuita y que los servicios que se presten no pueden tener finalidad lucrativa. Lo que ocurre es que una mala gestión de los conciertos ha dado lugar a disfunciones que hay que corregir. Bastaría con dejar de hacer la vista gorda. Insistir en el carácter no lucrativo de los centros concertados eliminaría muchas de las reticencias hacia ellos», sostiene.

La asignatura de Religión

Entre la escuela laica que reclama la izquierda y el «derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos» que defiende la derecha, Marina ve «aconsejable» que en los currículos de la enseñanza obligatoria haya «alguna asignatura en la que se estudie la experiencia religiosa y su importancia en la historia de la humanidad».

Una posibilidad es que forme parte dentro de un área de conocimiento titulada Historia de las Culturas. En 4º de la ESO, esa Historia de las Culturas podría dedicarse a Religión de forma «monográfica», una asignatura que sería evaluable y contaría para la media, como ahora.

También podría estudiarse que los centros incluyeran dentro de sus proyectos educativos, a demanda de los padres, unas enseñanzas confesionales que serían voluntarias y no evaluables, «bien fuera del horario escolar o permitiéndoles una ampliación de este horario».

Actualmente, los alumnos pueden elegir entre Religión y su alternativa de Valores en todos los cursos de Primaria y la ESO. La Lomce estableció que contaran para la media y, por tanto, para pedir becas, algo que no ocurría desde hace décadas y que ha generado mucha controversia.

Las competencias

Las competencias educativas son de las autonomías, pero el Estado debe vertebrar el sistema. El Gobierno estatal y los autonómicos siempre están peleando por lo suyo como el perro y el gato. Marina propone que las CCAA «tengan mayor libertad para realizar su proyecto educativo» y dar a los centros «más autonomía» en la planificación curricular, en la gestión del personal y en la gestión económica. A cambio, deberán rendir cuentas: una parte variable de sus presupuestos dependerá de sus proyectos educativos.

Los fichajes

En la tensión existente entre la participación democrática en la gestión de los centros y la profesionalización de la dirección, Marina apuesta por crear un cuerpo de directores con un equipo «muy competente y emprendedor». Para ello, los directores de la escuela pública podrán «determinar las características de las plazas que resultaran vacantes en su centro». Esto significa, en la práctica, acabar con el sistema funcionarial. «Esta posibilidad está ya en la Ley de Educación catalana», argumenta.

Excelencia con equidad

El filósofo sostiene que un sistema educativo «debe ser capaz» de aunar la «calidad» que reivindica la derecha con la «equidad» que propugna la izquierda facilitando «el desarrollo educativo de cada uno de los alumnos»; dotándole de «las herramientas necesarias para su futuro»; «fomentando comportamientos cívicos»;«facilitando su inserción en el mundo del trabajo»; promoviendo «la igualdad de oportunidades»; apostando por «la educación inclusiva que cuide de cada alumno individualmente»; limitando «el impacto de la procedencia socieconómica sobre la educación», y «evaluando el mérito».

¿Cómo pactar?

Marina propone que el Rey inicie el pacto y se cree un equipo con «personas cualificadas» que cuente con la participación de los agentes sociales y que en seis meses presente a las Cortes una esquema del pacto. De ahí saldría una nueva ley educativa «con propósito de duración» en el tiempo.


Autora: Olga R. Sanmartín, publicado por elmundo.es el 07/09/2016



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