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Criterios para un pacto educativo

Esta legislatura presenta por primera vez las condiciones objetivas para un nuevo acuerdo

Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación - Imagen de archivo
Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación - Imagen de archivo

Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación - Imagen de archivo

REVISTA DE PRENSA • 07/11/2016

La posibilidad de suscribir, entre las principales fuerzas políticas, el Pacto de Estado por la Educación —que dote de una estabilidad solo básica a nuestro sistema educativo— ha ganado enteros en las últimas semanas. Lo cierto es que, después de haber sido invocado desde diferentes sectores de la sociedad española, con una reiteración rayana en el tópico a modo de conjuro ante los desafíos del futuro, se dan, al inicio de esta legislatura, las condiciones objetivas para emprender un nuevo intento.

La llamada comunidad educativa —y en particular el profesorado— vive esta situación desde una apreciación que constituye una extraña mezcla entre escepticismo y esperanza. Es responsabilidad de todos hacer los esfuerzos necesarios para volver a ilusionar, con fundamento, a los actores principales de la educación y a sus destinatarios en torno a esta oportunidad histórica que no podemos dejar escapar. En tales circunstancias merece la pena poner la mirada, siquiera sea de un modo abreviado, sobre algunos criterios que deberían ser objeto de reflexión y de acuerdo de forma previa a la discusión sobre los contenidos del Pacto.

He aquí la formulación sintética de cuatro de ellos.

1) No partir del análisis de las confrontaciones izquierda-derecha que han caracterizado la historia reciente de nuestro país en materia educativa, sino construir desde los nuevos consensos posibles, tratando de eludir la disolución, como tarea primera, de los tradicionales y profundos disensos existentes entre ambas orientaciones políticas.

2) Incorporar al “pacto de ahora” los acuerdos históricos, en el ámbito educativo, que hicieron posible el “pacto de ayer” reflejado en la Constitución de 1978, evitando padecer la maldición de Penélope del tejer y destejer.

3) Ser especialmente receptivo a los mensajes del contexto global y a la visión del futuro, procurando dar una respuesta atinada a la cuestión fundamental del “qué educación para qué sociedad”.

4) Asumir las evidencias empíricas disponibles como base del acierto, porque cuando la complejidad del sistema aumenta la gobernanza se convierte en una actividad intensiva en conocimiento. Al hilo de este cuarto y fundamental criterio sirva para la reflexión la siguiente cita del escritor franco-holandés Joris-Karl Huysmans que, en su novela Là-bas (1891), advertía de lo siguiente:“La realidad no perdona que se la desprecie; se venga derrumbando los sueños, pisoteándolos y arrojándolos en pedazos sobre un montón de fango.”


Autor: Francisco López Rupérez, expresidente del Consejo Escolar del Estado - Publicado por elpais.com el 04/11/2016



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